Ecuador…
Una noche en bus, un día en Loja, una mañana en Loja, una tarde en bus… Valoración: triste
Eso podría ser un mal resúmen de lo que fue el fin de semana ecuatoriano.

Loja es una ciudad preciosa del sur de Ecuador. Tan sólo pasamos apenas un día, pero el recuerdo que queda de la ciudad es que es limpia, encantadora, acogedora y, en definitiva, para enamorarse de ella, en mitad de la sierra, húmeda, con niebla alrededor, montañas que la cubren, en fin, un paisaje realmente hermoso.
Lástima que la situación en la que viajábamos no era quizá la más propicia para alguno de nosotros y seguramente no disfrutamos al cien por cien de todo lo que podríamos haber hecho allí. Sin embargo, por mi parte, espero poder volver a visitarla con más detenimiento y dedicación, quedándome con casi todo lo que hay, exceptuando la comida, que llevaré de Piura, jejeje (es que no hay colooor :P)
Casa…
Despues del farragoso viaje de 7 horas de vuelta a casa, un arroz, y una charla… por fin una charla… Valoración: descanso
Una carta de 7 hojas, una hora de hablar, de mútuas disculpas y de aclaraciones de lo que no tuvo porqué ser. Por fin pude decir todo lo que tenía guardado desde hacía casi una semana, y es que es muy duro callar cuando lo que quieres es hablar. Por fin la tensión menguó y las aguas vuelven poco a poco a su cauce… espero que así siga!
Primavera…
Una ludoteca encantadora, con unos niños que enamoran, de la que cuanto más conozco, más quiero y más me costará separarme… Valoración: algo cercano a la felicidad
Pese a llegar a media sesión, quizá eso era lo de menos. Marta y Aida ya estaban allí saltando la soga, y yo me puse a hablar con Julio, a jugar con la pequeña María, que me explicó sus problemas con un amigo que le pegaba patadas en las piernas… una partida de parchís con Yahaira, su hermana Blanca, Kevin y Julio, una construcción con Abril y un niño de cuyo no nombre no consigo acordarme (paciencia, por favor, paciencia), y un partidito de futbol con un juguete del pequeño Fabri, donde todos estuvimos jugando. Apareció Yoreli con su miedo al examen del día siguiente, y así pasó la tarde, dando tumbos entre los juegos, maravillado con la harmonía de esta ludoteca, pintando con témperas, recogiendo jueguetes, repartiendo abrazos…
Campo Polo…
Qué maravilloso es ver que poco a poco, con el paso de los días, ves progresos importantes en esos pequeños que muchos han dejado de darles oportunidades… Valoración: fuerza y constancia
Generalmente estoy con la pequeña Charito y Jhoan, y Marta suele pasar más tiempo con Pedrito. La mayor parte del tiempo se nos va en la lonchera (el almuerzo en España), ya que son niños que por sus características necesitan mucho tiempo para comer además de que la mayoría necesitan de la ayuda de un adulto para poder alimentarse. Por ejemplo, Jhoan e Ítalo pueden ellos mismos coger sus yogures, plátanos o lo que sea que traigan ese día para desayunar y comérselo, quizá con un poquitín de ayuda en algún momento (abrir una tapa del yogur, empezar a pelar la fruta, etc.), en cambio Pedrito y Charito necesitan bastante más ayuda y atención.
Explico los progresos que veo en Charito desde que empecé a trabajar con ella: Al principio, por ejemplo en el desayuno, el plátano teníamos que dárselo machacadito con la cuchara, y por supuesto, no era capaz de coger ella misma la cuchara para comer… Últimamente está ya mordiendo directamente del plátano, aprendiendo a morder y masticar lo suficiente como para tragarse un trozo de plátano, que cada vez es más grande y del cual cada vez menos acaba en el babero. Hoy mismo, por ejemplo, ya ha agarrado durante más de 5 minutos el plátano que iba mordiendo. Aunque el movimiento del brazo aun tenemos que hacérselo nosotros, cuando subía el brazo ya al final abría la boca sin mirar el plátano, empezando a asociar el movimiento con su reacción (y no intento ser conductista :P). Y este es sólo un pequeño ejemplo de lo que se puede hacer si uno le pone empeño y cree en lo que hace… realmente tenemos tantos prejuicios de tantos tipos, que hasta que no se superen éstos no aprenderemos ni podremos superarnos a nosotros mismos de verdad.
Chiclayito…
Una tarde más poniendo en orden la ludoteca, problemas tras las cámaras que no acaban de quedar claros y unos niños que encantan a cualquiera que se les acerque… no sé porqué se empeñan desde Ñari en seguir repitiendo que son “los peores” o algo así… Valoración: constancia y confianza
Abrimos la ludoteca, barremos la entrada, me abro la cabeza con un hierro, regamos la tierra de delante, pintamos el cartel de “cuentos” para el rincón de lectura, Armando la lía un ratito, Rosa se lleva una fotografía de las del mural y Aida se enfada con ella, y la tarde empieza a acabar desde ese momento (o así ha parecido), las niñas y tambien, por primera vez los niños, se me empiezan a colgar pidiéndome “una vueltita” y “lléveme a cuchooo”. Entre otros doy vueltas a la pequeña Fernanda y me abro el pie con una rama. Casi se acaba la tarde, me echo agua en el pie, una tirita hecha de un pañuelo y cinta de embalar, y “cap a casa”. Agua oxigenada y a escribir en el diario!
No entiendo muy bien porqué de un día para otro pueden cambiar tanto las formas de ver las cosas. Anteayer estaba hundido en mi propia miseria, en mis pensamientos redundantemente tristes, en esa suerte de fantasmas que voy aprendiendo a apartar del camino, hablo con Marta y al día siguiente noto como me crezco a mi mismo, cómo, cada vez que lloro, despues soy más fuerte que antes de sufrir. No sé porqué hoy me veo más capaz, más realizado, no sé, más completo, que ayer y sin embargo pienso que mañana pasará algo que me hará ver cosas que aún no he sabido ver…
Me siento bien conmigo mismo, me siento cada día mejor conmigo mismo, y me siento cada día mejor con el mundo y con lo y los que me rodean. 