Hogar de Cristo - Primeros días…

Mucho sueño, muchas horas de cama y de descanso.

Hasta que no me adapte a los horarios y entre en una espiral de dormir temprano y levantarme más temprano aún me parece que iré todos los días dormido a todas partes. Ya es la cuarta o quinta vez que salgo tarde de mi habitación allí para moverme al comedor o a las ludotecas… pero bueno, aparte de eso, todo bien.

Los niños son… niños, encantadores como cualesquiera otros que puedas encontrar fuera de allí. A veces uno puede tener el concepto de que en un orfanato la vida es diferente a como se vive fuera, pero la verdad es que vivir ahí es como pertenecer a una gran familia de 25 hijos que revolotean continuamente por allí, con sus inquietudes, con sus ganas de partido, con sus pillerías típicas, etc. Nada más lejos de lo que puede pasar en cualquier cuadra de esta ciudad.

Allí me siento como en casa, puedo moverme libremente, me conocen todos y yo empiezo a conocerlos a ellos, y, quizá, lo que peor me sabe es pasar tanto tiempo fuera por todas las cosas que ya hacía de antes, y aparecer en ratitos contados por allí.

Las mañanas suelen estar por allí, y las actividades que tienen son: mi taller de música/percusión/coro (ya veremos lo qué será) los lunes, miércoles y viernes de 9 a 10:30, un taller de karate con dos chicos belgas que vienen de intercambio, los mismos días pero de 11 a 12:30, y los martes, jueves y viernes un taller de arte con un profesor que ahora no recuerdo su nombre.

Y por las tardes al colegio la mayoría. Hay algunos que están preparando las pruebas de acceso a la preuniversitaria y acabando de repasar para pasar de grado, pero en general todos tienen al día sus tareas y van bien en los estudios (hasta donde sé).

En fin, que la vida es tranquila allí y bastante armónica… ya os iré contando a medida que se vayan dando los días!

Chiclayito: taller de palo de lluvia

Esta tarde hemos construido nuestro palo de lluvia, ya estaba programado, y la tarde se ha desarrollado sin mayores problemas…

Hemos hecho 5 grupos de niños, y de la actividad han participado unos 18 niños aproximadamente, en grupos de 3 o 4 niños. En total, pues, hemos hecho 5 palos de lluvia, cada uno diferente al resto, por el trato con los vasos, por las pinturas, etc. Desgraciadamente no tenemos un recuerdo gráfico para mantener constancia de lo que ha sido, pero espero que en adelante sí que podamos hacer fotos del proceso.

Los vasos de plástico aun no los había probado, porque eran diferentes a los que usamos en el taller de voluntarios del sábado, y nos hemos dado cuenta que el fondo era muy duro y dificil de cortar, así que en vez de tijeras hemos tenido que utilizar un cutter para poder eliminar el poto del vaso (el culo).

Despues de esto, con la ayuda de Aida y Juvis para asesorar cada grupo, hemos empezado a recortar los trozos de cartón que irían entre vaso y vaso para provocar el sonido característico del palo de lluvia. Despues de esto, con goma (cola) y cinta adhesiva hemos empezado a pegar los vasos entre ellos para tener la estructura del instrumento. A continuación hemos añadido el arroz (aproximadamente un vaso) y hemos cerrado por el extremo que quedaba abierto el palo de lluvia. Y finalmente hemos pintado y decorado muy variopintamente los instrumentos con plumones y algunas témperas que algunos niños, contra las instrucciones que se habían dado, han utilizado.

Lo que ha quedado despues de esto ha sido una cantidad impresionante de arroz por el suelo, de goma en las alfombras, de círculos de plástico que no servían para nada, material desperdigado por el suelo… En fin, un poquito desorganizado, pero supongo que la próxima irá mejor!