Ecuador - 10. De despedidas

Último desayuno en familia, con yogurt, cereales, jugo de mora… y última visita al CEPA también. Voy al Tambo a reunirme con Esperanza para pagarle por los días de la estancia en el León 147 “dólares de cabeza” que se van en las 7 noches y 8 días (como en los folletos turísticos) de Oyambaro… Espe me regala un pequeño “Educar para ser” de 2002, posterior al original, del 97, con un resúmen del precedente y nuevos datos sobre la propuesta del Pesta y del proyecto principal de la fundación.

Después de esto, al CEPA, a ver por última vez los materiales, espacios, niños… hasta que vuelva. Rebeca me pregunta sobre las ludotecas donde estoy, como durante el desayuno Lili y Vini, y le comento que, tal y como está ahora planteado el proyecto, si no se cambia al formato de intervención con las familias de una forma más profunda es un proyecto bastante condenado al fracaso en casi todos los sitios donde se intenta aplicar. No puede ser funcional para las ludotecas que haya familias, por ejemplo, permitan que sus hijos roben material de la ludoteca y además los “animen” a seguir robando o se callen, como suele suceder en la mayoría de casos de hurto. Aún así el proyecto sigue porque hay gente pagada que está detrás para organizar el trabajo y abrir las ludotecas, pero si no estuvieran sería difícil conseguir que funcionara de forma permanente.

Jugamos un rato más con los niños y ya casi es hora de recoger cuando Cami, otro niño y yo empezamos a montar un puzzle, que finalmente acabamos ella y yo cuando el CEPA ya cerró hacía 15 minutos.

Intercambiamo mails y teléfonos con Olga y Javier para no perder el contacto en España y poder saber un poco lo que vamos haciendo cada uno.

“Se nota que hoy hay despedida” dice Divid en alusión al almuerzo, con carne empanada, sopa, ensaladilla rusa… justo después de comer, sin yo esperármelo, se va ya Camila a casa de Ignacio y nos despedimos. Voy a echar mucho de menos a esta niña… es lo que tiene encariñarse facilmente.

Acabo de recoger las cosas y ya me despido de David con la mochila a la espalda. Lili ha ido a ver si encuentra un “Ser para educar” para regalarme, porque les dije que quería comprar uno pero no me llegaba el dinero. Mi idea era comprármelo en España a la vuelta, pero insistieron con el obsequio y tampoco me iba a negar. Vamos con Vini a dejarlo todo en el coche y a casa de Rebeca a despedirme de ellos.

Como hoy es el cumpleaños de Olga están todos en el Tambo comiendo juntos. Una foto de familia con sus hijos, Javier, la Rebe y yo. El fotógrafo, Mauricio, que no le gusta salir en las fotos.

Al salir de ahí ya me despido de Lili y le mando un beso muy fuerte para la Camila. Y Vini y yo ya nos vamos, con un “Ser para educar” que consigue Liliana, hacia el coche, que me dejará en la Linea para coger un bus hacia Quito, para empezar a poner rumbo final a esta historia que empezaba hacía 10 días, el martes 12, saliendo de noche desde Piura, embarcándome a un “sabe Dios qué” que era el León Dormido.

vinicio me dedica el libro, conversamos sobre lo chévere de la visita, de habernos conocido, de Camila y lo bien que ha pasado la semana y lo rápido que ha pasado todo.

Ya está, el coche que se va y yo con la mochila de Manu listo para volver a “casa” en Piura… y lo pongo entre comillas porque ya no sé donde está mi casa o dónde me siento más “como en casa”, si en Barcelona, que creo que no, si en Piura, que bastante, si en el León, si en algo parecido al León pero en España…

La cuestión es que pasa un Yaruquí y empiezo a finalizar la lectura del “Educar para ser” que, aunque parezca mentira, todavía no he terminado de leer. En un momento dado, a unos 10 kilómetros de Quito, nos encontramos frente a un accidente en la carretera y estamos cerca de una hora sin apenas movernos de sitio. Cuando el bus anunciaba media vuelta, milagrosamente, llegaba al lugar del accidente y podemos, por fin, avanzar hasta el Río Coca.

Desde allí encuentro un autobús Ecovía que se supone que lleva al terminal, pero una vez llego hasta allí parece que nada… Aparezco en una estación de autobuses que no conozco. Ahí cojo uno que finalmente va al terminal terrestre, pero al de Latacunga, al sur de Quito, y no al de a capital. Menos mal que desde donde estoy también se puede coger un autobús a Loja. El cobrador del bus me dice que vaya a “Santa”, y bueno, desde ahí el pasaje a 12 $, que está bien.

Cuando paramos en Ambato la casa nos obsequia con un jugo y unas galletas, lo cual no está nada mal, ni que sea el detalle, porque generalmente no te dan ni las gracias por comprarles un pasaje. Intento encontrar una postura cómoda para dormir, aunque en un autobús esto es casi siempre una tarea imposible.

Ahora sí que se acaba del todo el viaje…

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