Reflexiones (III)
Viernes, 25 de Abril, 2008 a las 7:31 por Aarón (León Dormido, Ludotecas, Sensaciones)
Anteayer llegué de nuevo a Piura, después de un “merecido” (con la consiguiente porción de modestia) descanso vacacional de unas semanitas por Perú.
La verdad es que ya necesitaba un descanso: las últimas semanas habían resultado bastante estresantes en cuanto a actividades y sobretodo en cuanto a actitud con respecto a la ludoteca.
Como ya dije en mi anterior mensaje al respecto, la visita al León Dormido ha sido un arma de doble filo: me ha presentado una alternativa real a las formas de vida habituales y ha reforzado mi convicción en enfrascarme en uno de esos modelos “no convencionales”. En concreto el del León era como una explicación viva de lo que siempre he soñado: un lugar tranquilo para vivir con mi familia y con mis hijos, donde dedicarme a ellos sin grandes preocupaciones (dinero, tiempo, hipoteca, etc.) y poder disfrutar de la vida como ya nos hemos olvidado en las culturas occidentalizadas y globalizadas.
Al mismo tiempo, en cuanto a lo educativo, también me ha hecho convencer de que el sistema actual (en España y en la mayor parte del mundo, por no decir en todo el mundo) no es adecuado para formar personas: viniendo de una sociedad recientemente tecnificada, los sistemas educativos pretendían preparar trabajadores cualificados para esas grandísimas fábricas textiles, automotrices, eléctricas, etc. que iban apareciendo y creciendo. Como ya sabemos, el trabajo en estas fábricas era en cadena y cada trabajador tenía una función muy precisa en su punto de la cadena, realizando un trabajo mecánico y repetitivo. El sistema educativo desarrollado en torno a esto, pues, está claro: mecanicista y memorizante. Dentro de ese sistema económico no era importante que las personas se desarrollaran plenamente en sí mismas, si no que fueran unos buenos individuos productores para las fábricas, así que el concepto era bastante concreto. Aulas con 30, 40 o 50 alumnos, todos uniformados (cosa que en latinoamérica aún dura de forma generalizada), mesas mirando al frente (como en sus puestos de trabajo, todos codo con codo), ejercicios de memorización y repetición, etc. Ahora nos encontramos en otro tipo de sociedad, donde se reclaman personas con capacidad para aprender toda la vida, personas creativas e imaginativas que, con ese sistema uniformizador no se pueden desarrollar, así que las escuelas están “empezando a cambiar”, pero no se ha perdido de vista el aula, los espacios definidos y la concreción de contenidos por parte de pedagogos y pensadores que “creen” que tal o cual contenido es el adecuado para los alumnos.
En el León, después de toda la experiencia y práctica constatan de una forma natural que los seres son capaces de desarrollarse a sí mismos (así como un pájaro aprende a volar sin que su madre esté empujándole a que lo haga, por poner un ejemplo), y tan sólo hay que proporcionarles un entorno adecuado y la compañía necesaria. Cada individuo sabrá, naturalmente, encontrar su camino en el mundo y su mejor forma de desarrollo. Es bastante difícil pensar que, teniendo las capacidades y estructuras mentales más versátiles y complejas de todo el mundo animal a todos nos sirva con el mismo tipo de educación, los mismos contenidos, los mismos programas, etc. Se entiende que esta complejidad hace crecer la variedad de forma de aprendizaje, y es por esto que los del León han decidido ofrecer a sus pequeños una cantidad inmensísima de materiales de todo tipo, a su alcance, y que ellos decidan qué quieren hacer en cada momento, para que se desarrollen plenamente y de la forma que, de una forma natural, es más adecuada para su organismo.
Quizá es un concepto difícil de digerir, teniendo en cuenta que el 99% de nosotros somos producto de ese concepto de escuela tradicional, y si no vemos un aula, un profesor, exámenes y una evaluación con nota (aprobado, suspendido), ya nos asustamos y creemos que quienes opinan lo contrario están locos.
Pero también veo que, después de estar estudiando magisterio durante estos tres años (que son pocos, para mi gusto, como para estar preparado con garantías, para salir ahí delante de esos 25 o 30 pequeños y estar a la altura), siempre había sentido que algo fallaba y que había algo que no me gustaba del sistema y que no sé muy bien que era. Haber pasado por Ecuador me ha confirmado el descrédito que me refieren los modelos tradicionales de escuela y que reafirman cada vez más mi creencia en un modelo alternativo que crea de verdad (resaltando esto último) en los procesos naturales de crecimiento y desarrollo de las personas (lo que ellos llaman procesos de vida).
Lo que pasa es que después de toda esta invasión de aire fresco en mis pensamientos e ideas, volver a Piura, donde la situación está relativamente estancada, a remolque de las circunstancias de la organización y de los planes educativos (muy) tradicionales que tienen que aguantar los niños, donde las ludotecas (en mi caso sobretodo en Primavera) parece que nunca progresan realmente, y a mi parecer, casi todas están condenadas a la desaparición en cuanto Ñari deje de apoyar económicamente y con sus trabajadores… es un jarro de agua fría. Para mi la vuelta fue desalentadora, después de haber visto una alternativa real de desarrollo, volver al modelo antiguo, y pensar en la comparación de Xenia de “los educadores sociales arreglamos lo que estropea la escuela” y convertirla en “en la ludoteca intentamos reconstruir lo que la escuela destruye”…
Empecé a mirar más adelante que propiamente en la ludoteca. Me quedaba un mes y pico de prácticas, y más que pensar en las actividades con los niños, que sería algo efímero, creo que inconscientemente empecé a centrarme más en el espacio: pintamos el exterior de la ludoteca con juegos de calle, llenamos las mesas de juegos de mesa que quedarían “por siempre” en esas mesas, con Juanjo empezamos a valorar la necesidad de estructurar adecuadamente el espacio para poder aprovecharlo mejor, más que centrarnos exclusivamente en las actividades.
Pero al mismo tiempo ayuda muy poco el espacio donde está ubicado esa ludoteca: polvo y arena siempre presentes, perdiendo el tiempo de una forma absurda limpiando cada día, como una hora o así, no tenemos agua, no tenemos electricidad, no hay espacios definidos y separados (como en Chiclayito), etc.
Si le sumamos todos estos factores ya de por si desconcertantes a los planes que empezábamos a desarrollar Xenia y yo para el futuro (la ludoteca-escuela que pensamos crear, la organización de apoyo a las ludotecas de Piura, etc), las últimas semanas en Primavera fueron bastante de desidia, dejando en otros el “estar ahí”, y yo más bien refugiándome en eso que comentaba de adecuar el ambiente.
No sé exactamente porqué me pasó todo esto, pero sí sé que, a mi vida en general le vino muy bien la visita a Ecuador, pero a mis prácticas en Piura no le ayudó demasiado. Espero por lo menos que esta experiencia sirva para reorientar un poco el trabajo que se está haciendo en Ñari y presten atención al principal foco con el que hay que trabajar para conseguir realmente algo a largo plazo: las familias. Son éstas las que van a tener a sus hijos siempre, y son ellas los modelos a seguir y que seguirán los niños. Si no trabajamos de verdad con las familias será muy dificil conseguir resultados a largo plazo en la ludoteca, porque ésta son 5 o 6 horitas semanales, y el resto están entre la escuela, que ya hemos visto que no es una influencia del todo adecuada, y la familia, que en estos asentamientos, en la mayoría de casos, no es tampoco un buen ejemplo.
Sea como sea, la mayor parte de mi pensamiento había pasado de estar bastante centrado en el trabajo en las ludotecas, a pensar actividades, a crear mis materiales para el rincón de música, en definitiva, a estar ahí; para pasar más bien a pensar en unos proyectos más integrales y más completos que empezaría a desarrollar de una forma u otra en cuanto llegara a España (también con respecto a Primavera y Piura, es decir, no abandonando lo que estaba haciendo ahora). Tenía ya la mente puesta en ese futuro de unos meses adelante, dejando un poco de lado el “ahora” de las ludotecas.
Realmente todavía es pronto para valorar realmente las prácticas y toda la experiencia de una forma integral. Me quedan apenas varios días para irme de aquí, y hasta que no llegue a Barcelona y pasen unas semanas para asimilar todo lo vivido (no sólo lo que he vivido hasta ahora, si no lo que falta de este mes aún), para explicar a todos las anécdotas, lo mejor y lo peor, los recuerdos, etc., creo que hasta entonces no podré saber de verdad qué ha pasado en mi en esos 8 meses de vida que he pasado fuera.
Así que me despido de estas reflexiones, bastante completas, hasta mi vuelta a Barcelona, donde espero hacer una valoración final e integral con todo lo que tenga que ser (que no sé qué será).
Tiempo al tiempo.

Yanko dijo,
Viernes, 25 de Abril, 2008 a las 13:26
¡Uau! ¡Menudas reflexiones! Largas, muy largas
pero muy completas y con mucho sentido. Como ya sabes estoy completamente de acuerdo contigo y por eso cuando fuí empezamos a planear nuestro futuro, personal, pero también laboral, que es de lo que aquí se trata.
Eso de citar frases mías, es toda una novedad. Me siento como una escritora o algo así a la cual se le cita en los trabajos o en otros libros, jajaja.
Bueno, que me alegro que hayas vivido todo eso y que espero que la valoración final sea positiva.
Besos, te quiero