¿Fin…?

Fin de una historia… ya estamos en Lima, en la Convención de Facilitadores… Se acabaron las chelas, el voley, las risas y charlas… se acabaron muchas cosas con esta partida… se acabaron demasiadas cosas, pero aún así no estoy triste por irme, estoy alegre por todo lo que he podido conocer, por toda la gente que me ha hecho un huequito en sus vidas, por todo lo que ellos me han enseñado y todo lo que he aprendido, por todos los consejos y la ayuda que me han dado en los momento tristes y no tan tristes…

Sería difícil recopilar en unas pocas líneas lo que significan para mi todas esas personas, lo que han supuesto y suponen en mi vida, pero igual que ya hice hace unos meses con mi gente en España, creo que podré intentarlo con toda la gente de aquí.

La última visita al mercado, la presurosa despedida en San Martín y el Hogar, la más tranquila despedida en el Ittsa, con Víctor, Percy, Evelyn, Fiorella, Elena, Lucila y Amalia, el adiós al depa, a Ñari, a Primavera.. son demasiadas historias, anécdotas… tanto tiempo el que he pasado aquí, que me ha dado tiempo a hacerme un huequito entre ellos, a llegar a sentirme tan peruano y poco turista como ellos.

La mayor parte de la gente que visita un pais apenas se queda en la superficie, ve las 4 cosas importantes que hay allí y se vuelve a su casa; yo, modestamente, creo que he conocido la auténtica realidad con la que convive la mayoría de gente de este pais (o como mínimo en Piura). Ellos me han explicado sus vidas, sus preocupaciones, propósitos y aspiraciones…

Me habeis hecho sentir siempre como si estuviera en mi propia casa, como uno más de vuestros buenos amigos, como uno más de la familia…

Antes mentí, sí que me siento triste por irme…

Gran Reventón final!!

Hoy, en la Quiñónez de San Martín, Gran Reventón final de la estancia de Aarón en Piura!!

Con la participación exclusiva de Grupo 5, Hermanos Yaipén, Internacional Karibe, Mallanep, Armonía 10, Aguamarina y muchos más (todos en un CD)!!

Entrada gratuita (previa aportación de 1 kg de arroz)!!

Están todos invitados!! Márginals, amigos de Chiclayito, de Primavera, de Piura en general, de Nueva Esperanza y todos los que quieran asistir al Mega Evento!!

Recuerda, hoy lunes 28 martes 29 de abril a partir de las 8 pm en la Quiñónez de San Martín!! No te lo puedes perder!! Estás advertido!!

Reflexiones (II) - Entre San Martín y Ecuador…

¿Dónde estábamos? ah, sí…

Eso de esquivar los problemas es lo que siempre había hecho hasta hace un tiempo. El daño que me había hecho la gente hasta entonces me había “obligado” (entre unas cuantas comillas) a responder a las dificultades huyendo de ellas, esquivándolas y mirando hacia otro lado. Soy muy consciente de haber desaparecido de la escena cuando me he sentido en peligro de alguna forma, como cuando decidí romper con el grupo en el que estábamos, con Laura, Noel, Toni, Montse, Siro, Xenia y yo, principalmente. Recuerdo que no estaba a gusto, que había algo en aquel grupo que, para mi, fallaba o no acababa de funcionar correctamente. Y un día, en uno de esos momentos de determinación irreflexiva (por lo menos conscientemente hablando, quien sabe lo que me estaba pasando por dentro), me decidí: “no me habéis hecho nada, lo sé, y lo siento, y puedo estar muy a gusto con cada uno de vosotros individualmente, pero en este grupo no me siento bien y esta es la última vez que salgo con vosotros”… Bueno, quizá un tanto drástico (aunque se ha cumplido lo último), pero sí que representa bastante lo que quiero decir de rehuir los problemas y dificultades. En esa situación me sentí en peligro, y la forma de solventarlo fue huir.

Así he ido haciendo, sin que me sintiera cómodo con ello, a lo largo de los últimos años, incluso en la universidad, cuando he estado abriéndome lentamente como soy al mundo. Esquivando problemas, siempre con la alarma puesta, mirando al mundo por la rendija del caparazón de tortuga (que por cierto, lo que pesa, siguiendo la metáfora) y sin encontrarme con un problema real que me haya obligado a encararlo de frente y a asumir mi propia realidad, mis carencias, mis fortalezas y mi capacidad de resolver problemas de forma creativa.

Aquí, como ya dije, me encerré de nuevo en el caparazón, porque me encontré con algo que no había previsto y no era capaz de digerir. Una parte de mi ser me decía que huyera, una vez más, que me olvidara de ese “problema”, que no tenía justificación alguna, y que me dedicara a lo que realmente interesaba, mis prácticas (bueno, quizá esto era lo que pensaba, no recuerdo con demasiada claridad lo que era y lo que es entre toda la bruma de pensamientos). Si el problema no era cosa mía no tenía porque obligarme a darme de bruces contra una pared, simplemente tenía que seguir con mi camino y listos. Otra parte de mí me venía anunciando que lo mejor era resistir, que yo no tenía porqué huir o escapar de aquello. No había hecho nada significativo (suponiendo que hubiera cosas poco significativas) como para merecer el trato que recibía, pero aun así creía que lo que tenía que hacer era seguir con mi determinación de mirar hacia adelante (también), y no irme de allí.

Pero mi paciencia se agotó, cuando no era una sino dos los que me hacían sentir como me sentía. No tenía porque seguir aguantando como si nada, no tenía porque seguir viviendo en un sitio donde ni siquiera se valoraba mi sola presencia. Tenía clarísimo que mi experiencia en Perú no iba a convertirse en un Gran Hermano, en una lucha por la supervivencia en la casa. Y sobretodo lo tuve clarísimo cuando todo esto empezó a afectar de forma más que notable a mi trabajo (y aún afecta, por desgracia).

Así que huí, una vez más huí, y mis sentimientos al respecto son encontrados: por un lado estoy molesto conmigo porque sigo sin comprender los motivos que llevaron a determinadas personas a actuar como actuaron para conmigo, obligándome a ser algo que no quería. Molesto porque huí, porque había aguantado 4 meses (bueno, un poco menos) de vivir en un continuo absurdo y no supe aguantar un par de meses más, claudicando ante mi mismo. Por otro lado creo que es lo mejor que podía haber hecho, porque no tenía porqué seguir aguantando aquello, sobretodo teniendo en cuenta que no estaba justificado y que no había provocación por mi parte (o así me lo ha parecido casi siempre: sólo se me pueden recriminar cosas significativas muy al principio, quizá las 2 primeras semanas, no más, después de la primera charla creo que hubieron muchos cambios que hubo quien no quiso ver; y muy al final, cuando ya me puse en algunos aspectos a su altura, cosa con la cual me he sentido muy mal conmigo mismo). Como ya he dicho, esto no es un reality, y no tenía sentido seguir aguantando… todo.

Aún así huir esta vez no me ha ido mal del todo, como ya digo, creo que ha sido una idea inteligente, que quizá tuve que valorar anteriormente. Entre otras cosas, fui a parar al Hogar de Cristo, con Lucho y los niños, una institución peculiar, que también me ha enseñado cosas sobre la vida en comunidad, sobre niños, sobre la gente del Perú y el país en general, etc. Entré a medio camino entre lo forzado y lo voluntario: evidentemente, no habría salido del depa de forma tan radical si no se hubieran dado las circunstáncias, pero también reconozco que ya tenía algún interés en conocer un poco más de cerca el proyecto que tienen en las Capullanas (aunque debo admitir que después de mi primera visita al Hogar no me interesó demasiado, y no sé si le comenté así a Marta). El traslado también afectó un poco a mis rutinas diarias. Al estar tan cerca de San Martín (apenas cruzar la Grau ya estás en la parroquia, la ludoteca, la comisaria, la Quiñónez…) podía pasar muchas más horas con los vecinos de la cuadra además de ir cada noche a jugar voley contra los de Nueva Esperanza. Al mismo tiempo, como ya no volvía con colectivo al centro, hamburguesa del Pikiss y charla con Juanjo, éste dejó de venir por la zona así que centramos más el contacto por las mañanas después de Ñari en almuerzos con él, encuentros con Víctor, etc.

No sé exactamente cuándo empezó más en serio la confianza con Juanjo, pero creo que fue a partir de aquella “primera” visita a la casa de Fiorella donde estaban todos tomando, con César triste por su pérdida sentimental, y los “primaveros” también tomando con ellos. De ahí una noche en el D’Javy, unos cuando días en San Martín, hamburguesas en la Merino… y desde entonces, supongo yo, que hemos fortalecido esta amistad, así como nos hemos conocido. Recuerdo al principio que la relación era un poco más distante, que quizá yo no estaba en una situación cómoda como para mostrarme tal cual me considero, y que quizá él me conocía más a través de las chicas y no tanto a través mio propiamente, pero me alegra saber que las cosas han cambiado y que hemos encontrado muchos puntos en común el uno con el otro y que pensamos de formas parecidas en ciertas cosas.

Significativo fue también el conocer a todas las chicas de San Martín, en especial a Irma, justo cuando salía del depa, justo esa semana en que nada-podía-ser-peor. Significativo por muchas cosas, pero sobretodo porque me dio el calor auténtico que nadie me ha sabido dar aquí, porque me sirvió de refugio durante esas semanas para cobijarme del dolor de allí afuera, porque al final, se empezó a convertir en mi mente en algo que, por suerte, parece que he sabido llevar como tenía que llevarlo. Significativo porque, lo mantengo, fue y es mi mejor amiga en toda esta aventura, y me alegro de que así sea, la verdad.

Y de ahí vino toda la visita a Ecuador, entre la “confusión” del momento, la desorientación de no saber muy bien hacia donde caminar, con la experiencia de las ludotecas, de Primavera, que, para mi, empezaba por fin a caminar.

Ya expliqué un poco las sensaciones iniciales al respecto, aunque quizá me queda por comentar las reflexiones que se dieron depués de concluir toda aquella experiencia de 7 días en el León.

Esos 7 días creo que han sido los que han marcado más significativamente un rumbo y una determinación en mi vida, los que me han convencido de que mi idea de formar una familia y crecer junto a mis hijos no es una idea alocada, de que esto no era una pérdida de tiempo ni una cosa poco ambiciosa. Convencido de que vale la pena creer en un ideal como ese, y que si mi felicidad creo que vendrá a partir de eso, de mi familia, porqué tengo que negarme a ello por la sociedad crea que es poco pretencioso.

Creo que las mejores decisiones de mi vida en los últimos años han sido estudiar magisterio y abrirme las puertas del mundo de la educación, optar por esta alternativa de prácticas en Latinoamérica, y, por último, conocer el León en persona. Las dos primeras fueron decisiones repentinas, sin una reflexión previa (como ya dije más arriba), que, aunque han sido muy acertadas, no vinieron de un pensamiento anterior, de una idea bien trabajada, fueron, simplemente, impulsos que me llevaban a lanzarme “a la aventura” (como ya he hecho algunas otras veces en cosas más pequeñas y intrascendentes).

Lo del León fue diferente: Aora y Lucía me hablaron de las escuelas libres, del respeto a los procesos de los niños (me sonaba a chino todo aquello), de un libro que me iría muy bien, del “está casi convencido, ya verás en un tiempo” de Aora. Empecé a leer el Educar para Ser apenas llegué a Piura, en cuanto acabé con El cuarto Reich, una de las peores bazofias que podía haber comprado en la librería, no sé si sería noviembre o primeros de diciembre. Al principio lo cogí sin saber, leyendo sin tener idea de lo que estaba a punto de descubrir.

Recuerdo mi sorpresa a medida que iba leyendo anécdotas. Al principo el libro parecía una novela de aventuras, con las dificultades de Rebeca y Mauricio para encontrar su camino en la vida, sorteando obstáculos, probando los más diversos oficios. Cuando empezó el jardín de infancia empezaron para mi también las pequeñas anécdotas sorprendentes. Cuando empezó el Pesta, empezaron las no tan pequeñas anécdotas impactantes, y a medida que avanzaba me sentía más animado para seguir devorando el libro y absorbiendo ideas e historias. Empecé a formar en mi pensamiento la idea “y porqué no voy a verlo con mis propios ojos”, que fue ganando fuerza a medida que iba leyendo. Me parecía increible lo que se explicaba en ese libro, y no en el sentido de “es mentira” si no en el de “es impresionante”, y quería conocerlo de primera mano. Me puse en contacto con Rebe a través de Olga, y concertamos la visita entre el 14 y el 21 de febrero. El Pesta ya no existía, pero había algo “parecido”, algo que no acabé de entender, una cosa llamada “Proyecto Integral León Dormido”, que, si bien me sonaba a chino, como las ideas del Pesta que iba poco a poco conociendo unos meses atrás, ya estaba absolutamente convencido de que valdría la pena conocer y visitar.

Y así fue, me planté en Oyambara, en la colina del León, después de un par de días de autobuses, autocares y demás historias. No me lo podía creer, por fin estaba allí. Y lo paradójico es que quería estar allí pero tampoco sabía lo que me iba a encontrar.

Encontré mi camino. Bueno, realmente, más que encontrarlo encendí la luz que alumbra los caminos cuando uno no ve bien los carteles, y me he decidido a empezar por un camino que creo que es el más satisfactorio para mi vida. Definitivamente, ir al León y conocer más sobre esta alternativa real es lo mejor que podría haber hecho para enriquecer mi vida y empezar a ordenar y poner las bases para lo quiero que sea mi vida futura.

De hecho, esto no ha hecho más que empezar a cambiar mi vida, y saber que lo que vendrá será mejor es lo que más me llena.

Pero no todo es color de rosa… este viaje a Ecuador ha sido, al tiempo, una de las cosas que le ha hecho más daño a mi estancia en Perú…

Pero esto ya lo explicaré en otro momento… ;)

Xenia en Perú

Por fin en Perú

Por fin viendo lo que yo

Por fin viviendo lo que yo (o algo así)

Por fin…

Xenia en Yacila

Por fin juntos, de nuevo

Porque, pese a todo, me ha hecho ilusión tenerte de nuevo cerca,

Te quiero

Catacaos, Quiñónez y el centro

Por la mañana a Catacaos, después de levantarnos bastante tarde en el Hogar. La mañana parecía destinada a no tener una finalidad útil pero finalmente nos animamos a ir a pasear por Catacaos aprovechando que el arroz con pato en la Quiñónez seguramente empiece a partir de las 2 o así. Cuando vamos de camino le pregunto a Susana por teléfono si finalmente será o no el almuerzo, pero me dice que me confirmará algo más tarde, así que dejamos aparcado el tema hasta siguiente aviso.

Cogemos un colectivo hasta el centro y desde ahí caminamos hasta el Civa de Castilla, donde salen las combis hacia Catacaos. Íbamos a coger un colectivo también, pero como ya estaba la combi por salir decidimos ir con ésta. Una vez en Catacaos, y medio sudados por el calor, empezamos a pasear por la calle Comercio, donde están todos los artesanos de madera, plata y cuero. En una de las pequeñas galerías que hay al principio de la calle veo un bolsito de cuero pequeño con correa que me iría muy bien para guardar el dinero en un bolsillo extra en mis próximos viajes, así que me lo compro por 3 soles.

Continuamos caminando hasta que ya nos aburrimos de dar vueltas y nos sentamos en una glorieta cubierta que hay en la plaza de Armas, para decidir que hacemos. A estas alturas Susana me envía un mensaje avisándome que finamente no habrá almuerzo, así que tenemos vía libre para decidir si queremos hacer alguna otra cosa. Recuerdo de la última vez que vinimos que había un restaurante detrás de la iglesia, así que vamos a pasear para intentar encontrarlo, y, efectivamente, encontramos una picantería, “el rinconcito cataquense”, donde comemos un tamalito verde, una sopa de res y unas buenas costillas de chancho.

Después de esto volvemos a Piura, a la Quiñónez, para ver qué hacen y acabar de hacer las presentaciones con la comunidad. Nos encontramos con una parrillada en Nueva Esperanza y que el campeonato que iban a jugar ya ha acabado, perdiendo los de nuestra calle, y con César y Edgar lesionados… Con Walter y unos cuantos más decidimos volver a la cuadra para jugar un partido entre nosotros. Y ahí estamos, parando la net y esperando que pase el tiempo para ver si se anima la gente… al final somos 4 contra 4 y no parece que aparezca más gente, así que jugamos un partido a 3 sets de 25, como los profesionales. Y cuando ya empieza a entrar la noche estamos acabando 3-0, ganando mi equipillo, con Walter, Huachano, la señora Lourdes y yo. Al otro lado teníamos a Esther, Miriam, la señora Milagros y Jimmy. Después de esto ya nos retiramos al Hogar para darnos una ducha y volver a salir al centro, para cenar.

Cuando llegamos al centro intentamos buscar un restaurante donde ya había ido una vez al principio de toda esta aventura, pero que no recuerdo ni el nombre ni el lugar exacto donde está. Recuerdo también que aquella vez nos llevó bastante rato encontrarlo, porque la dirección era incorrecta, pero que valió la pena dar unas cuantas vueltas porque al final resultó ser muy bueno. Damos como 5 vueltas por el centro de Piura intentando encontrar el sitio este, y nadaaa de nadaaa. En uno de esos flashes que a veces tiene toda persona me acuerdo de la imagen de haber girado en una plaza con una iglesia a la derecha y encontrar ahí el restaurante, así que volvemos a ir en esa dirección, repitiendo el camino que recuerdo de aquella vez, y cerciorándome cada vez más de que ese camino era el que nos llevaba al restaurante… y efectivamente! Ahí estaba el Capuccino! Pero cerrado… así que tenemos que buscar otra alternativa y dejar este restaurante para otro día. Entre varias opciones decidimos ir a la Cabaña, una pizzería que hay por la zona del Saga Falabella, y nos pedimos una familiar que casi ni podemos acabarnos, muy rica, por cierto. De ahí a la plaza de Armas a hacer algo de tiempo antes de volver, un ratito en un banco sentados, mientras un poco más allá un grupo de teatro de calle está en plena representación, y un poco de charla antes de coger una moto para llegar de nuevo al Hogar.

Y prácticamente ahí acaba el día, un día cansado y con bastante movimiento, que hace que al llegar a nuestra habitación notemos el dolor en las piernas y el sueño nos invada en apenas 2 minutos…

Un día más en Piura

Un día con un poco de todo… Por la mañana vamos a San Martín, la primera ludoteca que Xenia va a conocer. Por las lluvias del día anterior, está todo encharcado, y como sólo nos encontramos con dos niñas que no conozco, más que un ambiente de ludoteca típico parece uno de los primeros días que llegamos a San Martín, que nos encontrábamos con pocos niños (o ninguno), y más bien aburrimiento generalizado.

A las 10 aproximadamente llega Marta, nos presentamos, y nos vamos al centro, que tenemos que pasar por el mercado a comprar algunas cosas, a internet para avisar que “ya he llegado”, y alguna cosilla más. De ahí al Hogar a dejarlo todo, y finalmente a Almirante Grau, donde hemos quedado para almorzar con Juanjo, Dina, Manu, Edurne y Álex. El almuerzo se desarrolla sin problemas, con algunos cotilleos entre el cevichazo, el seco de chavelo y el arroz con mariscos que nos pedimos, todos los platos de rigor en un día de bienvenida como éste.

De ahí a Primavera, no sin antes ir al mercado a comprar algunos regalitos y galletas para el compartir de los cumpleañeros de enero y febrero. Una bonita celebración con los niños y niñas, unas cuantas canciones y dinámicas, y hasta el lunes, como todas las semanas.

Y por la noche al d’Javy y más tarde a bailar a “un lugar diferente” con todos… un buen rato de bailoteo, espectáculo incluido, y finalmente a dormir, por fin, en el hogar. El domingo será un día también largo… No todos los días se viene a Piura, y hay que conocer el máximo de cosas en el mínimo tiempo posible… pero sin estresarse ;)

De vuelta a casa, acompañado

Después de una noche de poco dormir, entre “recuperar el tiempo perdido”, y los coches y vehículos que abordaban las calles del centro de Lima desde las 5 de la mañana, pasamos la mañana entre el cerro de San Cristóbal y el Jirón de la Unión, hasta que cogemos un taxi hasta el aeropuerto para ponerle final a este tramo del viaje que pasaba por Lima.

Un té 4,5, como un menú y pico en el mercado de Piura… El avion se demora aproximadamente una hora en salir, por las lluvias en Cusco (parece mentira que hablemos de LAN, la Iberia del Perú…), pero cuando llegamos a Piura, pese a la lluvia, ahí están, Juanjo, Jesús, César, Javier, Jimi y, sorprendentemente, Hebert, que parece haber recapacitado sobre su actitud para conmigo de las últimas semanas.

Vamos al Hogar a dejar las cosas, Lucho no se encuentra, pero encontramos a su mujer, que ni siquiera yo conozco. Ya han llegado de Lima, enconces… el martes, cuando yo salí, precisamente. Y de ahí a la Quiñónez, donde habíamos quedado con el resto. Haremos un pollo y volveremos a casa, ya que la lluvia es bastante fastidiosa y tampoco hay demasiada vida por la calle. Ya presentamos a Susana, Rosa, y algunos más de la calle…

Un pollo en la esquina, y como quien dice, hasta mañana. Volvemos al Hogar, a dormir y descansar del ajetreo de los últimos días. Primera noche en Piura juntos, me parece increíble… Suerte que no ha hecho demasiado calor, la lluvia parece haber aplacado un poco la temperatura de la “ciudad del calor eterno”…

Viajes y reencuentros…

De vuelta a Lima, esta vez, la segunda ocasión en la que viajo a esta ciudad. La primera de todas no era “de vuelta” sino “de ida”. Cruce Ventanilla, sobre las 11, según agencia. Realmente no escucharon mi pregunta, porque a las 11 llegaba el bus al terminal de Fiori, donde llegan la mayoría de agencias “marginals” que van a Lima.

Sea como fuere me pasé de parada, sobre las 9 vi algo de “Ventanilla - Aeropuerto”, y no le presté más atención, pero cuando al cabo de veinte minutos veo que estábamos mucho más cerca de Lima de lo que en principio era normal me preocupé. Me dijeron que el cruce ya había pasado hacía rato, así que tuve que volver atrás, como muchas otras veces, con una combi, y esperar en Ventanilla al encuentro con Irma, con quien había quedado ya hacía un par de días.

Cuando llegué al cruce me encontré con un paisaje bastante curioso. Mayoritariamente desértico, las casas crecen a ambos lados de la carretera, enfilando las montañas que crecen alrededor del valle. Un sol abrasador, camiones y autobuses que circulan a alta velocidad sin respetar señales viales, vendedores semi-ambulantes en lo alto del cruce y un ambiente bastante enrarecido y en el que, pese a estar viviendo más de 5 meses en Piura y haber conocido “parajes” de todo tipo, en el que me encontraba no destilaba demasiada confianza.

Al otro lado de la carretera veo a Irma, con su amiga, que todavía no conocía, Ángela, hija de chinchanos, y, por lo tanto, negra (o como dicen “los que por ahorrarse algún sinsabor”, morena). Lo primero, las presentaciones, y la alegría del reencuentro. De acuerdo que era una semana, pero cuando quieres a alguien importa poco si los tiempos van en horas, días o meses, la distancia siempre duele igual. Y desde ahí a Ventanilla propiamente, ya que eso era simplemente el cruce para ir hasta ese pueblo. El centro de esta villa es similar a Piura, con comercios, iluminación pública abundante (aunque era de día los postes de la luz seguían ahí imponentes), serenazgo muy visible, buen asfaltado, etc.

La cosa cambia cuando, después de estar un rato sentados en un parque “descansando del viaje”, vamos hacía Angamos, el barrio donde está Costa Azul, la zona donde viven Irma y Ángela. Desde la carretera se aprecia: el paisaje vuelve a ser desértico, y todo recuerda a cualquier asentamiento piurano, como el de San Martín, o la Primavera, aunque aún menos verde.

Nos adentramos en el valle con una moto, y llegamos a una avenida sin asfaltar que se encarama en la montaña. En una esquina bajamos y seguimos a pie subiendo una pendiente de unos 40 grados de inclinación. Y 30 o 40 metros más arriba están sus casas, unas pequeñas construcciones de madera improvisadas en la pared de roca. Precisamente la familia de Irma está rompiendo la pared de la montaña para acomodar un par de habitaciones unos metros más arriba de las que tienen ahora. Esto es lo que se llama una invasión, y realmente, es para verlo. Lástima que no hubiera tenido aún la cámara…

Después de saludar en casa de Irma a su madre me invita a un almuerzo la mar de apetitoso, y que después del viaje de 12 o 14 horas entra la mar de bien. Y más tarde buscamos un hotel en Lima donde pasar la noche del día siguiente, ya que el hostal para esta noche ya lo hemos encontrado, en Angamos, junto a la carretera que nos lleva a Ventanilla hacia un lado y hacia Lima por el otro.

Salimos después de almorzar, sobre las 3 de la tarde, hacia Lima, a una hora o así de camino. Pasamos junto al aeropuerto, la fábrica de Repsol, el Callao, hasta llegar al centro de la ciudad, en la plaza 2 de mayo, una curiosa plaza donde los 8 edificios que hacen esquina son exactamente iguales, construcciones coloniales de color azul entre celeste y marino. Y todas las tiendas que hay en sus bajos son de música, así que es mi pequeño paraiso recién descubierto, con una grandiosísima variedad de instrumentos musicales de todo tipo, y que me gustaría conocer de más de cerca.

Seguimos hasta la plaza de armas, donde empezamos a buscar algún hotel u hostal para Xenia y yo después del “susto” del aeropuerto. Varias vueltas a la plaza de armas, el jirón de la Unión, la calle Japón, y encontramos uno junto a la plaza de Armas, frente al Club de la Unión, un pequeño hostal familiar que encontramos subiendo las escaleras y que bien podría ser un piso del Eixample de Barcelona, con sus tragaluces estrechos y sus grandes ventanales de madera. La habitación no es ninguna cosa del otro mundo, pero bueno, ya está bien, que después de toda la tarde sin encontrar nada por el centro empieza a ser desesperante el caminar sin rumbo.

Después de esto nos paramos en una pizzería al paso para coger unas pizzetas para llenar el estómago antes de volver. Los vendedores ambulantes y mendigos abundan, y sólo mientras esperamos que el horno caliente nuestras porciones, nos asaltan hasta 6 personas, entre ellos 2 niños, pidiéndonos una limosna…

Pero ya nos volvemos. Un rato en casa de Irma, de nuevo, y vuelta los 3 con la hija de Ángela, Melanie Rubí, a una pollería del centro de Ventanilla, que había quedado ya apalabrado desde Piura. Las pollerías en Lima parecen los McDonald’s de España, con sus mesas, la iluminación, los juegos para niños… sólo cambia lo que comes, el ambientes es casi el mismo. Y para acabar el día, me dejan las 3 en el hostal, y estamos un rato conversando, hasta que las tres se van, despues de que la pequeña haya perdido la llave de la habitación misteriosamente (otra anécdota para el recuerdo).

Una noche intranquila, con muchas cosas en la cabeza, con los nervios del reencuentro del día siguiente, con los vecinos de las otras habitaciones haciendo escándalo a las 6 o 7 de la mañana con la música a todo trapo como si estuvieran compitiendo entre ellos… y la llave sin aparecer.

En fin, que pasamos la mañana tranquila en casa de Irma, conversando con ella un poco, y más tarde con su madre y la niña que cuida, Sofía, de la edad de Melanie, más o menos, un año y medio o cosa así. A media tarde me voy a dar una vuelta con Irma: vamos a ir al internet a mirar el correo para confirmar la hora de llegada del vuelo de Xenia, y también a Ventanilla a comprar un cargador para las baterías de la cámara.

Después de un rato en el internet cogemos una combi hasta el centro y miramos en un Metro (un supermercado de aquí) si hay un cargador de esos, aunque finalmente resulta que no, y tenemos que mirar por la calle de las pollerías, donde hay bastantes tiendas de electrónica y telefonía. Después de encontrar un cargador volvemos al Metro para comprar un jugo de naranja y unos bombones para regalarle a su madre como agradecimiento por haberme acogido en su casa, y nos sentamos en un parque a conversar tranquilamente hasta que sobre las 5 y algo volvemos hacía Costa Azul para recoger las cosas.

Y a las 6:10 salimos hacia el aeropuerto los 3, Irma, Ángela y yo. Aquí ya empiezo a estar bastante desconectado y mucho más pendiente de llegar allí y encontrarme con Xenia. El tiempo va pasando, y llegamos al terminal 5 minutos antes de que aterrice el vuelo. Éste va en hora, pero nunca parece que vaya a salir ella por la puerta. La gente sale con cuentagotas, y van pasando los minutos y no parece que la cosa cambie. Sigue saliendo gente, poca gente, y no es hasta al cabo de casi una hora que veo a Xenia estirando su maleta verde caqui. Y ahí yo que salgo corriendo para darle un abrazo tan fuerte como creo que nunca nos habíamos dado, o, por lo menos, tan sincero y sentido… y después de la sorpresa, las presentaciones. Irma no habló, como ya había dijo, y me sorprendía, pues yo la conozco como una chica siempre alegre y muy habladora.

“Qué blanca estás” creo que deben haber sido mis quintas palabras, y “qué flaco que estás tú” han sido las suyas… En cinco minutos ya me había acostumbrado a su presencia y me parecía como si los cinco meses de distancia y tiempo no hubieran prácticamente existido. los besos eran los mismos, al igual que las caricias y los abrazos, y no se me hizo extraño sentirla cerca como siempre, aunque he de reconocer que no tenía muy claro como iba a sentirme cuando la tuviera cerca.

Una pizza en un bar estilo irlandés del centro, acomodar las cosas en el hotel, descansar (y no tanto descansar) después del viajecito de nosecuantas horas de avión, y prepararnos para pasar mañana un día en Lima…

Increiblemente, otra vez juntos, tu y yo…

Reflexiones (I) - Los inicios…

El viaje empieza a llegar a su final. Xenia llega a Perú en dos días, y esto significa que una semana después acaban mis prácticas oficialmente, aunque no toda esta aventura, que ya tiene una fecha de caducidad “oficial”: el 2 de junio, partiendo con un avión de Air Comet desde Santiago de Chile…

Pero de esto ya hablaremos en otro momento, y seguramente, en otro lugar. Ahora prefiero centrarme sobre los últimos meses pasados y no los que están por llegar.

Aún recuerdo, muy vagamente, todo lo que eran preparativos, la última noche en casa acabando… bueno, empezando a montar la maleta. Siempre he sido de hacer las maletas a última hora. Y no la hice más tarde (empecé a las 9 o 10 de la noche, después de cenar) porque tenía la presión de mi familia para que la hiciera ya. Después, por supuesto, me di cuenta de que me había dejado algunas cosas relativamente importantes, como el cargador de la batería de la cámara (curioso que recuerde eso en primer lugar), algunos libros que hubiera podido traer (aunque confundo si olvidé o si luego me di cuenta que podía ser interesante tenerlos aquí…), y quizá algo de ropa, medicinas…

Recuerdo las últimas horas con Xenia, con desgana, previendo lo que iba a ser todo este tiempo de distancia. Creo que, inconscientemente, preferí no estar muy despierto aquellos últimos días porque si no el castañazo que me iba a dar cuando pasara por la puerta de embarque y hasta el próximo reencuentro iba a ser de campeonato. Afortunadamente los problemas no nacieron de ahí, ni por ese tema sentimental, ni por la distancia de la familia, de los amigos, de ella… Para todo eso ya estaba mentalizado, plenamente mentalizado de que este aislamiento era serio, de que la distancia era la que era, y que el tiempo también iba a ser el que ha sido… Para eso tuve más de un año y medio de preparación. Un año y medio en que me iba dando cuenta que pronto iba a estar lejos de todo, y cerca de eso que aún no entendía de “ludotecas”, cerca de Rio de Janeiro, de la samba…

No sabía muy bien donde quería estar, pero ya sabía que en Barcelona no. De hecho todavía no sé donde quiero estar (y por esto ya te tengo bastante harta, lo siento cariño) ni lo que quiero hacer de ahora en adelante con mi vida. Creo que el hecho de conocer mundo es una de las mejores oportunidades que te da la vida para crecer en todos los aspectos posibles, y tener más puntos de vista de cómo piensan las personas en un sitio y otro te da muchas herramientas y más claridad mental para ver cómo encarar tu propia existencia. Aunque al mismo tiempo eso tiene sus cosas negativas, y es que si no sabes administarlo aparece todo como una avalancha de ideas, sentimientos, positivos y negativos… y no sabes hacia donde mirar ni donde agarrarte para seguir caminando.

Hasta hace 7 meses mi vida era la que era, una vida ligada al piso de mis padres en Barcelona, a mi pareja “de toda la vida” (casi 5 felices años compartidos), a mis “amigos” de siempre, con los problemas de siempre, al trabajo en el quiosco, a los vecinos antipáticos de turno, la universidad… siempre he creído que algún día sería compositor, que podría hacer algún tipo de estudio oficial no sé exactamente donde, y recuperar todos los años perdidos, olvidar todos los resentimientos con mi violín, conseguir hacer algo interesante (por fin), con el piano, y desarrollar, de una maldita vez, el potencial creativo que sé que tengo para con la composición clásica, que es lo que siempre he querido y soñado. Cuarentamil intentos e inicios de obras, la mayoría interesantes y prometedoras (y no sólo desde mi perspectiva), y apenas una o dos acabadas… en fin, el cuento de siempre. Esa era mi vida hasta entonces.

Recuerdo mis planes de futuro en junio y julio, cuando acababa la universidad y comentaba con Àngel y compañía las perspectivas de futuro de cada uno. No tenía muy claro qué hacer a la vuelta de Perú, pero tenía interés en meterme en el Taller de Músics a hacer algo de contemporáneo, intentar, pf, buscar alguna beca para acabar el grado medio en el Liceu (aunque necesitaría trabajar otro año entero para pagarme la matrícula ahí, creo), preparar oposiciones para primaria (no musical) para el año que viene o el siguiente o empezar musicología en la UAB o la UB (quiero, en presente, mirar críticas de uno y otro sitio, para ir haciéndome una idea del asunto…). Sí, recuerdo lo de las oposiciones, recuerdo tener la convicción de que puedo prepararme si me lo propongo y ganarme una plaza pública para empezar a ejercer y estabilizar mi vida laboral de una vez, y poder empezar con mi proyecto de vida en común con Xenia, que al fin y al cabo es lo que quiero de verdad: una vida tranquila con ella y nuestros en una casa (ah… esa casa de madera que tanto nos hemos imaginado…) en el campo o la montaña.

Una vida “normal”, relativamente poco ambiciosa a nivel personal, sobretodo si lo comparas con las proyecciones de otras personas conocidas o amigos que tenían sus planes de futuro con grandes ideas y con un frenesí de actividades que parecía no tener fin. No, mi plan era más tranquilo, nunca he aspirado a un trabajo que me reporte grandes ingresos ni grandes viajes ni nada de eso. De hecho nunca he comprendido esta máxima del capitalismo de tener, tener y tener, cuando el dinero lo que tendría que permitirte es vivir una vida cómodamente con los tuyos, y no estar criando larvas en bancos y depósitos a largo plazo.

Y yo seguía con mi maleta, que si no recuerdo mal, la desmonté como 3 o 4 veces antes de conseguir cerrarla con todo lo que tenía… la ropa, los libros, las herramientas de afinar pianos (que al final ya ves para qué me han servido… tendré que esperarme a la vuelta para ponerme a punto del todo, aunque tampoco han estado mal las prácticas aquí), qué más traía… no sé, todo eso que uno se suele (supongo) guardar en una gran maleta cuando hace un gran viaje.

Aquella noche no pude dormir, pasamos casi una hora estirados y abrazados en el sofá, hasta las 4 o así que nos pusimos en pie para desayunar un poquito. Miranda tenía un examen al día siguiente, así que ella durmió más rato. El ambiente estaba bastante enrarecido en casa. Mis padres bastante callados, mi hermana durmiendo (supongo), Xenia sin hablar y seria, yo ausente y pensando en… quizá con la mente en blanco, porque tampoco recuerdo haber estado haciéndome grandes expectativas sobre el viaje, la gente, o lo que fuera.

Me salto el aeropuerto por obvio, el vuelo por aburrido, y el medio día en Lima por intrascendente, y ya llegamos a Piura. Casi sólo recuerdo la camisa blanca del “chófer” (Carlos), y el calor que sentí al bajar del avión. Aún había bastante luz a esas horas, cosa que ya casi no se da. Ahora a las 18:25, que es cuando llegan los vuelos de LAN a Piura por la tarde, prácticamente no hay luz, y en pocos minutos ya oscurece. No recuerdo gran cosa más. Recuerdo que Marta trajo algunos presentes de Mireia para Juanjo y Dina y se disculpó a Carlos porque no le cabía nada más en la maleta y lo traería su familia más adelante. Recuerdo la primera cena en “el Romano”, con Lucila, cuando aún era incapaz de ubicar absolutamente nada en aquella ciudad, a oscuras. También recuerdo que la primera vez que paseamos por Piura, de noche, ese mismo día, me sentí como en el viaje a Egipto de unos meses antes, cuando paseábamos por las calles de Edfú, no sé si los olores, los ruidos, la gente… no sé qué es lo que me recordaba a Egipto, pero por un instante me trasladé ahí. Por supuesto que ahora me da bastante risa, pero cuando lo pienso me doy cuenta que tampoco estaba tan loco. Quizá Xenia también lo perciba así y tendremos otra sonrisa que compartir.

Y después han pasado tantas cosas… pero tantas cosas… de todos los colores, grises, negras, rosas, rojas, verdes, blancas… yo creo que ya he visto todo el espectro del arcoiris… Recuerdo, jeje, cuando estaba en el instituto, en el Barcelona-Congrés, y mis dos “fantásticos” años de 3º y 4º de ESO que tanto han “ayudado” al desarrollo de mi vida, mi personalidad y mi carácter. Todavía estoy resentido por todo lo que pasó, por lo mal que viví algunos meses de aquellos años, las pocas ganas de vivir que tenía por lo desgraciada que podía llegar a ser alguna gente con la que había tenido la mala suerte de cruzarme. Y bueno, con la perspectiva, después de haber estudiado educación, precisamente, te das cuenta de que en el fondo tampoco ellos eran responsables directos de lo que pasaba… que más era una cosa de sus padres, de su formación previa, etc. Al fin y al cabo, somos productos sociales, y “de tal palo tal astilla”… pero bueno, el dolor estaba ahí, y las consecuencias aún perduraban.

En la universidad poco a poco aprendí a superar todo eso, y creo que no podré olvidar a casi ninguno de mis compañeros (siento no acordarme del nombre de todos, para eso sí que soy un desastre), pero no podré olvidar lo que me han hecho cambiar, otra vez, Noemí, Laura, Marta, Àngel, Juanki, Pep… y más que han estado ahí desde siempre y que para mi siempre van a estar ahí. Parecía que ya había vuelto a abrir las alas, que había olvidado esos temores, que la coraza que había creado a mi alrededor (que curiosamente hace poco leí algo sobre eso que me hizo sentir plenamente identificado) se estaba rompiendo, que lo que yo era y no mostraba poco a poco iba cambiando y me iba convirtiendo en la persona que siempre había creído y querido ser…

Y aquí las he visto de todos los colores… de tantos colores… y me he reencontrado con mi coraza, pero esta vez, no sé si por producto de la presión externa o si por mi propia presión interna, se ha roto, si no del todo, bastante, porque cada vez me siento más yo, más independiente y más “auténtico” de como soy y me quiero. Aún tengo días obscuros, pero ya me harté hace unas semanas de dar la cara por nadie, de intentar ser algo que no soy para no ”ser un problema” para algunas de esas personas que creía que no iba a tratar jamás en mi vida después de todo aquello.

Esta vez fue todo más doloroso y traumático. No eran niños, eran adultos, y eran mucho más conscientes de lo que estaban haciendo, y aún saben lo que están haciendo, y, sinceramente, me da pena por ellos, porque no me gustaría ser como son, porque me repugna ese tipo de actitudes y soy incapaz de comportarme como se han comportado ellos (sobretodo una). Creo que si algún día me pongo a su nivel con alguien, ni que sea de cerca, ya habré perdido toda mi dignidad personal y cualquier atisbo de humanidad (según mi criterio, obviamente discutible) que pudiera tener anteriormente… así lo siento, la verdad, me da pena que haya personas así, pero me reconforta saber que no estoy dentro de esa categoría.

Y bueno, como esta vez fue más doloroso y violento supongo que la forma de asimilarlo no podía ser la misma que la primera vez, y, mientras que hace unos años me encerré en mí mismo de forma casi permanente y convirtiendo ese rasgo en una parte de mi carácter durante muchos años, esta vez no he tenido más remedio que buscar otra salida, y creo que ha sido lo más acertado de todo. Por la rejilla de mi vida no veía nada más que las cosas que quería, y las que no quería siempre las intentaba apartar de mi vista (no tanto del camino), o en todo caso girar mi rumbo, dar un poco de vuelta y plantarme de nuevo donde estaba sin esas cosas que me incomodaban.

Y bueno, esto es la primera parte… ya seguiré ;)

Una que se va…

Irma y yo

 

…minimízate…

:(

César cumple años

Mañana lunes es el cumpleaños de César, pero como es obvio que una celebración siempre es más sonada en fin de semana… pues lo celebramos ayer sábado en la noche, allí en San Martín, en casa de Fiorella, que se la prestó a César para poder organizar su fiestecilla.

Los invitados fueron sus amigos de San Martín y Nueva Esperanza, las chicas y chicos de la Quiñonez, los JACIS y alguno más que quedaba por ahí suelto y que, pobrecillo, no se iba a quedar en la calle.

Oficialmente estaba todo el mundo invitado a las 9, y cuando llegamos Víctor y yo desde Ñari, del taller de música, sólo estaban 3 amigos suyos (bueno, 2 amigos y una amiga), sentados en el sofá de casa de Fiorella, que de todo el mobiliario habitual sólo había eso, el sofá, y dos sillas de mimbre que finalmente se retiraron cuando empezó a llegar más gente.

Al cabo de un rato llegaron los JACIS y estuvimos un rato ahí de charla con Alex, Junior, Carlos, Juanjo… y poco a poco fue llegando más gente, algunos que conocíamos y otros que no tanto.

La música, que ponía Willian, era bastante reguetonera, y de vez en cuando alguna salsa o alguna cumbia, y poco más. La mayoría de personas que iban llegando eran chicos, así que para bailar con pareja era más bien complicado conseguirlo, porque, contando con todas las chicas que debieron ser en los mejores momentos de la noche quizá contábamos 7 u 8 para unos 40 chicos…. no salían las cuentas. Ellas no pararon de bailar en toda la noche, casi sin descanso, y sin embargo ellos (nosotros) se tuvieron que conformar con seguir conversando con el grupo (cuando la mayoría querían bailar y no tanto conversar)…

A las 2 se acabó la cerveza, le robaron un canguro a la mamá de Fiore, además de vaciarle todo un Kolinos (pasta de dientes) para intentar limpiarse alguien el aliento… vamos, que la señora se enfadó un poco y mandó recoger.

César se fue a dormir, aunque quería seguir la fiesta en otra parte, pero el nivel de borrachera que llevaba ya era serio, así que le “acompañaron” hasta su casa para que descansara… Nos quedamos Hebert (borracho), Juanjo (medio borracho), Víctor (sobrio), Alex (sobrio), y yo (indefinible) con ganas de seguir la fiesta… nos dijeron que había una yunce en la cuadra de al lado, así que fuimos a ver qué tal era en esa ocasión. Pero cuando llegamos ya se iba la música, y por lo tanto, se acababa la fiesta.

Así que nos decidimos a seguir la fiesta en el Santuario, a ver si encontrábamos a Javier (por ejemplo)… cuando llegamos el de la puerta nos llegó a pedir 35 soles por entrar, a las 4:30 de la mañana, cuando apenas quedaba una hora de bailetón… aquella noche había habido festival streapper o no se qué y cobraban más cara la entrada, pero a esas horas ya no tenía sentido que cobraran esa burrada (de normal la entrada son 5 soles, y éramos 5, así que como mucho 25, y a las 12 o la 1 de la mañana, no a las 4:30… que te suelen dejar entrar gratis, como en el Huerto), y decidimos, en contra de la voluntad de Hebert (fue una cuestión de todos, no mía, pero bueno, él luego la emprendió contra mi), irnos a tomar una hamburguesa al Pikiss.

Cuando llegamos a la Merino Hebert descargó toda su cólera contra mi por lo que había pasado y me dijo varias cosas que no me gustaron… y después de la hamburguesa al hogar a “dormir” algo… porque al día siguiente me tocaba hacer ceviche en la Quiñonez!

Yunce popular en la Quiñonez de San Martín

A las 9 tenía que empezar la fiesta nocturna que ponía punto final oficialmente al carnaval 2008 en Piura. En San Martín el club de madres había confiado el “reinado” del carnaval a Susana, y sus dos damas de honor iban a ser Irma y Rosa.

Cuando llego a las 8:30 ya están peinando a la reina. Rosa ya tiene sus trenzas, y después le toca a Irma. A Susana le hacen un espectacular moño que, combinadas las tres con los vestidos que se ponen las dejan impresionantes. El desfile de cámaras de fotos y flashes en la repisa de la ventana de casa de Rosa es notable.

Ya está lista la música, la luz, la yunce con todos los regalos, el hacha que servirá para tumbar el árbol, la gente que empiez a llegar, las cajas de cerveza y la chancha llena de agua (la chancha es un barrilote de caucho de un metro de diámetro que se utiliza para refrescar bebidas poniéndole agua con hielo). Quiere empezar pronto la fiesta, ya que son las 10 y aun estamos todos a la expectativa de lo que sucederá.

Me invitan a tomar Miguel y Manuel, que ya están con Willian, y en una de esas que estoy ahí sentado oigo que me llaman detrás… ¡Juanjo! ¿cómo tú por aquí? Desde mi regreso de Ecuador no había conseguido contactar con él, y tenía ganas de verle para que me pusiera al día con las últimas novedades en las ludotecas, en Ñari, con el resto de cosas… el mail del voley… y todo bien por aquí, por lo visto.

Ya empieza la fiesta, con el discurso del padrino, uno de los vecinos de la calle, y Susana, con su discurso superpreparado desde el día anterior. Y ahí empieza la música y la animación de los típicos animadores pesados que suelen contratar en este tipo de fiestas (la verdad es que son muy muy aburridos…). Casi una hora hasta que la gente se anime a bailar en serio. Las chicas sentadas en sus “tronos” sin que nadie las invite a bailar un poquito… y cada dos o tres canciones empieza a salir gente que las saca a bailar. Miguel empieza a estar bastante borrachillo ya… con lo que dice y lo que hace se nota de lejos.

Más tarde, a las 12, ya todo el mundo baila y toma bastante, así que seguramente la tumba de la yunce se postergará hasta más tarde, porque si la tumban ya se acaba prácticamente la fiesta… a menos que se emborrache el personal, claro.

Y ahí la fiesta sigue con el bailoteo, con el “en breves momentos la tumba” del animador, que nunca llega a efectuarse, hasta las 2 o 3 de la mañana que por fin llega el momento de tumbar el árbol con el hacha…

Todos bailando alrededor con una marinera de fondo, mientras por turnos se dedican algunos a ir dándole hachazos al pobre arbolito, que ya había sufrido dos talas consecutivas hoy mismo… Al final el árbol cae sobre un grupo de borrachos que estaban por la casa de Willian y Susana, aplastando el techo, doblando la uralita y sacándole chichones a los que estaban debajo, entre ellos el padre de Fiorella, que ya llevaba un buen pedalín… y todos como locos sobre el árbol para intentar rapiñar una de las muchas fiambreras y escurrideras de plástico que habían…

A Guido le “cae” un corsé que “no le entra”, aunque se lo prueba y empieza a dar la nota, como todos los “marginales” de Nueva Esperanza. La Jimi y su hermano empiezan su lucha por ver quien llama más la atención, y con el paso de las horas “las locas” se alocan completamente y, bueno, el espectáculo es notable… con el tanga azul de cordón dental de la Jimi ya teníamos suficiente Juanjo y yo para no dormir el resto de la noche… :D

A las 5:30 se acaba la música y empieza la recogida. Los borrachos (o mejor, las borrachas) no quieren irse y arman bulla frente a casa de Rosa, hasta que finalmente se van. Hay que retirar el árbol del medio del paso, la verja que cierra el espacio de la yunce y devolver lo prestado a sus propietarios… total, que son casi las 6 y ahí ya me recojo al Hogar…

Vaya fiesta más alucinante la de ayer!!

Días de voley

Desde hace varios días hemos empezado a ver cómo por todas las calles de la ciudad aparecen redes a 2,3 o 2,5 metros, pelotas “miBalón”, líneas en el suelo marcando terrenos… Empieza el verano, llegan los carnavales, y, después de la casi eliminación de la selección femenina de voley para los Olímpicos de este año en Beijing, la gente sale a la calle para demostrar cómo sabe jugar a este deporte de equipo…

En Nueva Esperanza, cruzando la pista de San Martín (la Circunvalación), ya vemos un grupo de gente jugando en la esquina de la cuadra de Percy. Despues de un par de días de insistir nos acercamos por la noche, sobre las 12 o así, con César, Javier, Hebert y Juanjo a ver si podemos jugar… y finalmente jugamos, un 5 contra 5 que acaba con victoria del equipo “local”, y nosotros, los “españoles” ya quedamos como cachemas y perdemos nuestro euro (4 soles de apuesta). Quedamos en ir al día siguiente, es decir, ayer martes.

Por la tarde en Primavera, vemos cómo las madres empiezan a montar una net allí frente a la ludoteca, y sin pensárnoslo mucho nos apuntamos a jugar, ya que casi era hora de cerrar la ludoteca pero había actividad. Finalmente jugamos dos partiditos entre las madres y niñas de allí. Esta vez podemos jugar sin apostar, cosa que sorprende porque parece que no se puede jugar si no es con apuestas…

A la noche, despues de esto, volvemos a cruzar la Circunvalación para jugar, ya con la conciencia de que íbamos a perder por segunda vez. Un partido con sus más y sus menos, muchas risas, un tercer set a 25… 30… 35 puntos finalmente, que resolvemos por 3 puntos de diferencia y nos permite ganar los 6 soles de apuesta. Jugamos los mismos del día anterior y con la ayuda de un chico de allí que nos completó la formación. Quizá fue tener a los vecinos gemelos de la cuadra de Cesar ahí haciéndonos barra, pero la cuestión es que ya no somos tan perdedores como la noche anterior.

Tanto hablar sobre “no ir a determinadas zonas a según qué horas”, y estos días estamos en Nueva Esperanza a las 2 de la mañana. Cualquier persona de nuestro entorno nos diría (y nos dice) que estamos locos de hacer eso, pero lo único que vemos Juanjo y yo es que son gente perfectamente normal y que no se justifica su exclusión general por el hecho de vivir aquí o allí.

Y hoy nos volvemos a enfrentar, aunque aún no sabemos ni a qué hora ni contra qué contrincantes. Sólo sabemos que nos reiremos, y mucho, como siempre que jugamos.

Chocolatadas, Parque Curver, Cenas, y ahora, la Navidad

Estos últimos días han sido bastante movidos para mi, y me ha sido imposible mantener actualizado este diario, aunque he hecho lo posible por ir poniendo individualmente cada evento.

Hoy, en apenas una hora, nos vamos Marta, Juvis y yo a Lima a pasar la Navidad con la familia de él, así que antes de irnos dejo un mensajito con todo lo que ha ido sucediendo estos días, ya que no tengo tiempo de dejarlo escrito de otra forma.

Una cena con los voluntarios de las ludotecas, el jueves por la tarde, que fue un bonito compartir con música, algo de baile, unas cuantas dinámicas, aunque bastante aburrido tambien, quizá por la poca participatividad de los presentes… aunque queda un buen recuerdo, las mochilas estampadas! jejeje

El viernes a la tarde chocolatada en Chiclayito, con la familia de Aida tambien presente y disfrutando del festival de caramelos, tazas de chocolate y panetones para todos. Aunque costó arrancar y ordenar un poco la situación al final fue muy bien y los niños se lo pasaron de fábulo, o eso pareció. Lástima que no tuvimos unos regalitos para los niños, habrá que tenerlo presente para la próxima ocasión.

El sábado pasamos el día en el parque Curver, y no fue mal pero pudo haber ido mejor en algunos momentos. Por ejemplo, la descoordinación con Juanjo en el momento de recoger los niños, el número de niños invitados… La cuestión es que Juanjo y yo no pudimos hablar el viernes de cuantos ni qué niños estaban invitados a venir, así que pensé que 11 o 12 era lo más acertado sabiendo que de San Martín iban unos 15 y de Chiclayito unos 25. Como siempre hay bajas, teniendo en cuenta que el tope eran 50… pues había eso, unas 10 plazas libres. Aún así, algunos niños se pusieron en plan chantajista y tuvimos que llevarnos a algún niño más. Despues de casi dos horas esperando cogimos una combi los niños y yo sin saber ni cómo llegar al sitio, ni lo que nos tenía que cobrar, ni lo que íbamos a hacer ni nada… si la movilidad era 1 sol por niño y recaudamos 12 soles… pero la combi sólo a la ida ya nos cobraba 15… había algo que fallaba.

Una vez en el parque, despues de la chocolatada (otra más), Kevin se empezó a encontrar mal y a tener fiebre, y así estuvo todo el día, en cama, con Percy y conmigo, hasta la tarde que, aún con fiebre, se encontraba ya un poco mejor. Me sorprendió muy gratamente la preocupación de Percy por el crío, porque estuvo con él todo el día prácticamente, aún sin conocerlo de nada.

Despues de la chocolatada, las visitas a los animales, jugar un rato en los columpios, el almuerzo y un partido de futbito, nos volvimos de regreso para llegar con tiempo a la cena de Ñari. La combi no llegaba, así que nos fuimos caminando hasta la circunvalación (vaya excursión!) para coger un par de ticos y volver a la Primavera con Marta.

Despues de llegar a casa y darme una duchita rápida cogí los bártulos y hacia Santa Julia, a su chocolatada, ni que fuera a hacer acto de presencia. Y fue muy bonito, la verdad. Esa ludoteca siempre destila muy buen ambiente. Pude hacer con los niños el Ulele y la Carolina, y tuvo bastante éxito. Así sirvió a los niños un poco de excusa para empezar con los juegos que tenían pensados los que organizaban la tarde.

Y de ahí a Ñari a la esperada cena… hasta el último momento con la incertidumbre de si Carlos vendría o no vendría. Y finalmente vino. Despues de una cena que se hizo esperar, con algunas “irregularidades” en la forma y en el fondo (y todos los presentes sabemos de qué hablamos), vino el esperado (sobretodo por Dina) momento de los regalos del amigo invisible! A Carlos le gustó mi regalo de la agenda, que le elaboré con todo mi cariño, y a mi me gustó mucho el DVD que me regaló y la zampoña “a juego” ;), que hacía tiempo que quería una pero no había encontrado el momento de comprarla, así que la mar de bien. El resto de regalos tambien gustaron mucho a sus receptores y finalmente quedó todo bastante bien dentro de lo que había sido aquel día y aquella cena.

El domingo a primerísima hora a Primavera a organizar la chocolatada. Los niños ya estaban fregando el suelo de la entrada, aunque tampoco ayudó mucho porque luego se convirtió en un barrizal con el ir y venir de la gente sacando mesas y sillas. Antes de empezar la chocolatada Juanjo y yo nos fuimos al mercado a buscar algunos regalitos para los niños, ya que con los que había recaudado Jacis no había suficiente. Y ahí estuvimos casi una hora y media dando vueltas por un mercado lleno hasta los topes. Encontramos llaveros, unos juegos de soplar, unos pinballs, raquetas de ping pong… de todo un poco. Y nos lo llevamos para allá, para poder dar un regalo a los 82 niños que iban a asistir entre Primavera, Señor de los Milagros, y los espontaneos que siempre aparecen y no les vas a negar la entrada… Y la chocolatada bien, un poco desordenada pero bien. Al final todos los niños contentos, como tenía que ser :)

A la tarde a San Martín, a su chocolatada. Preparativos, pasamos por el mercado a comprar más juguetitos, esta vez de mi parte un par de monopolios y de ludos (así le llaman al parchís aquí), y una muy tranquila chocolatada con exactamente 30 niños. Despues de eso el amigo invisible de los voluntarios, madres, etc., que tambien fue bien, y de ahí ya a casa.

Juan, el abuelo de Aida, me echó las cartas, que es medio brujo (pero de verdad, sin cuento…), y la noche un poquito de espiritismo… y bueno, de ahí a dormir y a prepararse para hoy, ya que dentro de apenas media hora nos vamos a Lima a pasar allí la navidad con Juvis y su familia. Él nunca ha cogido un avión, pero dentro de un par de horas ya no lo podrá decir, porque estará montado en uno y de camino a su hogar.

Allí pasaremos unos días, y en poco tiempo estaremos otra vez de vuelta, aunque todavía no sé si el miercoles, jueves o viernes andaremos de nuevo en Piura. Vaya días ajetreados que han venido! Y vaya días ajetreados que se vendrán…

¡Feliz Navidad a todos!

Reencuentros familiares…

Y por fin llegó la familia de Aida. Todos esperando horas, mordiéndonos las uñas, dándonos empujones nerviosos… y por fin aterrizó el avión…

El primer contacto visual entre Aida y su madre, el primer abrazo entre madre e hija, el primer cruce de miradas con los abuelos despues de tanto tiempo, con su padre, con su hermana… Recogemos las maletas, nos saludamos todos, las presentaciones pertinentes de Carlos y Juvis, y nos vamos al depa a ubicarnos un poco. Dejamos las maletas en el hospedaje para los padres y abuelos (Marina, la hermana de Aida dormirá en el depa con las chicas) y seguimos la charla en el depa.

La familia de Aida me parece fantástica, todos muy divertidos y despiertos, alegres y dedicados, o eso por lo menos es lo que parece. Realmente personas atentas que saben donde estar y donde están. Espero que disfruten mucho de su viaje al Cuzco la próxima semana, donde van a pasar la Navidad, y que a la vuelta sigamos disfrutando todos juntos de esta aventura, ni que sea un par de días, los dos últimos días antes de irse…

Es curioso, estas visitas de familiares aportan muchísimo aire fresco al grupo. El hecho que venga gente nueva, la expectativa de “cómo serán”, las triquiñuelas de lo que nos cuentan, etc., no sé, aporta nuevas perspectivas y temas de conversación que ayudan un poco a calmar los nervios en algunas situaciones tensas. No sé, me gustaría (y a Aida no digamos) que se quedaran más tiempo, porque la impresión es muy buena, pero ya sabemos que no puede ser así y que “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”! ;)

De bodas y quinceañeros

El sábado, una tarde de bodas, una noche de quince años, una espera interminable, un reencuentro, y… chelas, muchas chelas…

Despues de Primavera, corriendo hacia casa para prepararme para la boda. Las chicas ya estaban en ello desde hacía horas, mientras yo estaba en la ludoteca. Una ducha rápida y “¿qué me pongo?”. Lo único seguro eran las sandalias que había comprado por la mañana, porque no era plan de ir con las sandalias de una tira que llevo cada día, así que unas franciscanas del mercado y ya tengo otros zapaticos para el día a día.

Viene Hebert a las 17:30 y nos preparamos para salir. Él viene de la ludomóvil que ha habido esta tarde, se ducha y se cambia y salimos todos hacia Santa Julia, cerca de donde era la misa. Ésta era a las 18, y a esa hora estábamos saliendo del depa, así que, como siempre, íbamos tarde… el único que llevaba bolso, irónicamente, era yo (que soy chico, por eso lo de irónico), así que pañuelos, cámara de fotos, llaves, dinero, etc. eran responsabilidad mía, y, por lo visto, no íbamos a un A.H. demasiado recomendable (el quinceañero sería en Manuel Scorza, en Piura). Pero bueno, de algo hay que morir, dicen…

Llegamos a la misa y lo que nos encontramos es al cura reprochando a la novia haber llegado media hora tarde, porque él luego tenía otra misa y se le iba a acumular el trabajo… en fin, el día más feliz de tu vida (dicen), y el cura tiene el tacto suficiente como para dejarte mal y echarte algo en cara… vaya momentazo. Bueno, se casan, en una misa más bien sosa, y muy corta, y salimos a lanzarles el arroz a los recien casados. Es la primera vez que me dan una bolsita de tela con unos cuantos granos dentro… siempre había pensado que la gente iba con su paquetón de arroz del súper y ahí estábamos llenándolos de arroz hasta los topes, jejeje.

De ahí ya nos fuimos a tomar algo cerca del Casino Militar, donde tenía que ser la fiesta, el convite, y, sorpresa, la boda por lo civil! Resulta que estos chicos se iban a casar dos veces el mismo día, una vez por la iglesia y la otra por el ayuntamiento (bueno, la municipalidad). Estamos en el bar hasta las 20 o así que decidimos ir al casino a ver si ya llegaban los novios. Nada más lejos de la realidad, llegamos a una sala grande, con un montón de sillas alrededor, con algo de música de fondo que aun están preparando, con gente que no habla y que más bien para aburrida… Y ahí estamos, una hora esperando a que lleguen los novios y el representante de la municipalidad, para casarlos. a las 21 ya estaban casados por lo civil.

La animación de Latin Music parecía un partido de fútbol más que una celebración de un matrimonio, y, despues de bailar el Danubio Azul el novio y la novia con otras 70 o 75 personas pasaban, por fin, a preparar la cena. A todo esto llevábamos desde la hora de comer sin ingerir nada que no fuera cerveza o coca-cola (y todo en el bar… en el casino no nos ofrecieron nada para no tener la garganta seca).

A las 22:30 salimos a esperar a Juvis y Carlos, para ir al quinceañero. Al poco Carlos llega y esperamos sólo a Junior. Que no llega, y no llega… entramos al local de nuevo despues de una hora, y vamos saliendo a mirar, pero nunca está. No sabemos si es que le ha pasado algo o qué, pero no viene, y eso es muy raro en él, porque es muy formal, así que no sabemos qué pensar…

Finalmente, casi a las doce de la noche se presenta en la boda (le han dejado entrar sin problemas, no como a Carlos, que le preguntan que quien es, si tiene invitación, etc.), y despues del reencuentro de las dos semanas de Cuzco y Lima, nos vamos hacia el quinceañero, sin Hebert.

Llegamos a casa de la prima de Juvis, y la fiesta allí ya ha empezado, con los chivolos bailoteando reguetón, con la quinceañera y con sus amigas, y, en fin, aquello parecía El Huerto pero en versión Menudas Estrellas, sin Bertín Osborne… pero era divertido verlo todo. Por fin conocemos a las hermanas, a la madre y al padre de Juvis, todos ellos fantásticos, sobretodo las hermanas y la madre, que el padre estaba más callado y reservado, así que era más dificil hacerse una idea.

Aida y Carlos se van tarde y el resto nos quedamos acabando de disfrutar de la fiesta. A las 6 de la mañana, como la canción, empezamos a recoger y nos volvemos al depa. Nos acompañanan Juvis, Jackie y Nélida, una de las primas de él. La quinceañera, por cierto, se llamaba Mariella.

Vaya noche memorable! Y la resaca que nos espera al día siguiente tambien será memorable… :D

De despedidas

Hoy se fue Chabi, el aguirre de Marta. Una semana intensa, para unos más que otros, claro, pero intensa al fin y al cabo. Una noche loca, con más chelas y música que tranquilidad y reposo, una mañana ajetreada, un vuelo de LAN sin más retrasos, unas partidas de dados, una despedida, unas risas, unas lágrimas, una espera que se avecina, que será corta, o más o menos larga, según quien lo quiera ver…

La guitarra, el cajón, unas bulerías y un dos un dos tres cuatro cinco seis siete ocho nueve dié, un paseo por el mercado, a San Martín y Chiclayito, tres visitas al Mi Sitio, un paseo en combi y diez en moto-taxi…

Y aun tenemos para rato, para mucho rato. Marta, los días pasan volando, las semanas tambien, y cuando menos te lo esperes ya estarás contando los días que quedan para volver a encontrarte… no te digo nada nuevo, pero nunca está de más que te lo recuerden… :)

Una semana para recordar, con playa, fiesta, Kens, burros, recontraperobienKens, chelas, risas… Muchas risas.

Hasta la próxima, Chabi!