Hoy, al igual que la semana pasada, me planteo pasar todo el día en la Primavera, en primer lugar porque quiero, quede claro que esta es la ludoteca donde siempre me he sentido más cómodo y mejor, y donde creo que soy más útil, y, porqué no decirlo, donde he hecho más cosas y ha hecho más falta hacer más cosas. Por lo menos si consideramos San Martín y Chiclayito, ludotecas estables, con un trabajador asignado permanentemente, abriendo 5 días a la semana, con 4 o 5 veces más recursos materiales que los que se destinan a esta ludoteca que abre 3 días y con una afluencia media de niños de 25 a 30 por sesión, cosa que iguala o supera alguna de las anteriores algunos días… En segundo lugar, tenemos programado para hoy una “campaña” de “pintado de juegos en el piso”, y creo que hará falta pasar un buen rato con los pinceles y las pinturas para acabar algún juego. Hace dos semanas pinté el Twister de San Martín, y tuve que hacerlo en tres turnos, cosa que me llevó casi 2 horas y media de estar pintando, así que no tiene porqué ser diferente aquí. Pero vayamos por partes…
Recojo a Jimi, el hermano de Javier, interesado en visitar y conocer las ludotecas, a las 8 u 8:15 de la mañana, y vamos a coger una 3R para ir hasta la Primavera y recoger la llave. Hoy, por fin, las combis entran ya por la avenida de la Primavera, en vez de seguir por la carretera de chulucanas. Las lluvias de las últimas semanas habían embarrado el paso por la avenida, y desde entonces había grandes charcos en varios puntos de la avenida y no era recomendable pasar con ningún vehículo por peligro a quedarse encallado.
Recogemos la llave y al pasar por delante del Scorza intentamos comprobar si está ya Elsa lista, pero no la encontramos, ni a ella ni a ninguno de sus hijos, así que vamos a la ludoteca directamente y empezamos a trabajar, pensando que quizá más tarde ella esté en su casa para que nos acompañe…
Mi fijación hoy es poner, por fin, en marcha las ideas que tengo con respecto al pintado en el piso. Además de la idea del Twister, traigo conmigo un libro de juegos donde aparecen algunos juegos de exterior que requieren ser pintados en el suelo, como la rayuela, el tejo, Londres u otros juegos “de suelo”. Lo primero que dibujamos, en la vereda junto a la ludoteca, es el Twister con sus 6 círculos de 4 colores. La rejilla a lápiz marcando los 15 centímetros de diámetro de los círculos y 4 de separación entre ellos es lo principal. Una vez ya tenemos esa rejilla tenemos que empezar a jugar con la pintura de esmalte que consiguió Lucila para hacer las mezclas con el disolvente: 8 partes de pintura por una de disolvente. Lo que vemos con el disolvente es que no parece que sirva para nada… agua la pintura y necesitaremos dos capas de pintura en vez de una como con el acrílico para camisetas de San Martín, así que, despues de dos colores mezclados con disolvente optamos por pintar sin hacer la mezcla.
Al cabo de un rato ya tenemos el Twister dibujado completamente. En este momento, pregunto si alguien querría dibujar las letras en el suelo, y Ronald se ofrece. Le enseño la muestra de las letras de la caja y le comento que la idea es dibujar esas mismas letras en el piso, en ambos lados del juego, y él ya se encarga de trabajar sobre eso para conseguir dibujar las letras, mientras yo empiezo a dibujar una rayuela un poco más adelante. Al cabo de un buen rato Ronald ya tiene las letras listas y sólo queda pintarlas en negro. Al mismo tiempo yo he acabado de pintar las líneas de la rayuela en negro y ya no necesito la pintura, así que ya pueden empezar a pintar las letras rápidamente mientras yo empiezo a dibujar y pintar los números en los cuadritos de la rayuela en color rojo.
A mediodía, a las 12:30, ya tenemos listos tanto el Twister como la rayuela. Y nos vamos a comer donde la Yorely. Su mamá y sus hermanas nos preparan una sopa y un plato de arroz con pollo la mar de rico, aunque acabamos los dos llenos del todo y sin hambre. Un par de jarras de limonada son lo que entra mejor, y ya estamos pensando ambos en las cachemas de mañana en la Quiñonez… no nos olvidemos que esta madrugada a las 4 tenemos que ir al terminal pesquero a buscar las cachemas y la caballa para el almuerzo del día siguiente!
Después de almorzar, sobre las 13:30 o las 14:00 pasamos por casa de Elsa para avisarle de que ya estamos en la ludoteca y que cuando quiera que venga y empezamos a organizar la reunión de madres de la tarde. Mientras tanto, y hasta las 3 o 3:30 Jimi y yo cerramos la ludoteca y echamos una cabezada en las bancas y mesas de la ludoteca. El calor es tal que me levanto con un charco de sudor a mi alrededor, aún después de estar más de una hora “aclimatándome” a la temperatura de la ludoteca…
Una vez nos levantamos me dedico a poner nombre a la rayuela, como se había hecho con el Twister, y empiezo a dibujar el tejo (la rayuela) en versión japonesa. El desarrollo del juego es parecido, la cuestión es saltar de cuadro en cuadro sin tocar el suelo. La diferencia con la rayuela tradicional es que en este caso los cuadros no tienen números, y cuando un jugador llega a un cuadro de su interés pone sus iniciales y ese cuadro sólo lo puede pisar él. Llega un momento que todo el tablero está lleno de cuadros con iniciales, y poco a poco se van perdiendo los niños hasta que queda sólo uno que no ha llegado a tropezarse en ninguna ocasión.
A las 18:00 más o menos ya está pintado el juego, con la ayuda de la hermana de Blanca, Yahaira y María y una prima suya que se acercan y cuando ven pintando a Yanina deciden ayudarnos para acabar más rápido. Mientras tanto yo empiezo a diseñar las letras para el tejo, que pintaremos en amarillo, y poniendo una carita oriental en la “o” de “japonés”. Al final el nombre queda gracioso y el juego completamente pintado está interesante. Ahora hay que ver qué tal jugando con los niños. Les pedimos por favor que no pisen la zona hasta mañana, porque al pintura está fresca y sólo nos quedará repintar indefinidamente si no dejamos que pase un rato entre que se pinta y se pisa… pero son niños, y no piensan en las consecuencias de estar por ahí jugando, así que aparecen algunos borrones en el piso y algunos colores de pintura que se mezclan, obligándonos a repintar de nuevo en algunos sitios.
Mientras yo me dedicaba a pintar el tejo, dentro estaban Elsa con Marta y Aida encargándose de la campaña de desparasitación que teníamos prevista para hoy. En realidad la campaña era para el martes pasado, pero no teníamos las pastillas, así que lo dejamos para el sábado, el mismo día de la reunión de madres y aproximadamente a la misma hora.
Por fin se van reuniendo algunas madres y sobre las 18:15 podemos empezar la reunión que había prevista para tratar el tema del comedor social que daría impulso y soporte a la ludoteca. Jacky deja constancia de lo que se va hablando en la libreta. La asistencia es de 7 madres de niños y niñas de la ludoteca, las más cercanas y cuyos hijos participan más activamente del espacio.
Se habla de la ludoteca, de sus necesidades actuales, de la dependencia de una institución que nos proporcione voluntarios, fondos, materiales, etc., y la proyección del espacio infantil y juvenil dentro de la comunidad, incidiendo en la importancia de conseguir que este espacio no sólo quede como una cuestión para entretener a los niños si no como una entidad educativa en mayúsculas, plenamente integrada en la comunidad, referente en la zona, y que además sirva como motor de dinamización no sólo de los niños y jóvenes del asentamiento si no de las familias en general.
Como hay pocas representantes acordamos postergar la reunión hasta el próximo sábado a las 4 de la tarde en el mismo sitio, el porche de la ludoteca, comprometiéndose las madres asistentes a informar y convocar a sus amigas y vecinas a la siguiente reunión, donde ya trataremos más a fondo la necesidad o posibilidad de reaperturar el comedor social para dar impulso a la ludoteca y todo lo que tiene que ver con ésta, y valoraremos la posibilidad de crear un equipo de madres que presente una propuesta a la comunidad para hacerse cargo de este espacio y dinamizarlo de nuevo.
Finalmente cerramos la ludoteca con las últimas briznas de luz solar, haciéndonos caminar un poco a tientas ya al final de todo… y bueno, como ya les dije a ellos, no presto nada hasta que no aparezca el balón blanco de voley. Si quieren hagan un posito, compren un balón nuevo para la ludoteca y a partir de ahí volvemos a prestar. Con 30 céntimos por niño es suficiente para comprar un balón de 10 soles. 