Cerrado por “vacaciones”

Pues eso, que me voy de vacaciones… :) Me voy a ver Cusco, Machu Picchu, Arequipa, y si puedo las líneas de Nasca…

Este viaje se acaba, pero empieza otro, así que de momento cierro este blog unos días (se puede seguir comentando… es una indirecta, jejeje), pero tengo otro abierto donde ir siguiéndolo todo al día (cuando encuentre un internet, claro…) y con todas las anécdotas y curiosidades del viaje… (yo creo que podré escribir un libro un día… jejeje

descubriendoamerica.net

Hasta la vuelta, suerte a todos y buen viaje!!!

Xenia en Perú

Por fin en Perú

Por fin viendo lo que yo

Por fin viviendo lo que yo (o algo así)

Por fin…

Xenia en Yacila

Por fin juntos, de nuevo

Porque, pese a todo, me ha hecho ilusión tenerte de nuevo cerca,

Te quiero

Catacaos, Quiñónez y el centro

Por la mañana a Catacaos, después de levantarnos bastante tarde en el Hogar. La mañana parecía destinada a no tener una finalidad útil pero finalmente nos animamos a ir a pasear por Catacaos aprovechando que el arroz con pato en la Quiñónez seguramente empiece a partir de las 2 o así. Cuando vamos de camino le pregunto a Susana por teléfono si finalmente será o no el almuerzo, pero me dice que me confirmará algo más tarde, así que dejamos aparcado el tema hasta siguiente aviso.

Cogemos un colectivo hasta el centro y desde ahí caminamos hasta el Civa de Castilla, donde salen las combis hacia Catacaos. Íbamos a coger un colectivo también, pero como ya estaba la combi por salir decidimos ir con ésta. Una vez en Catacaos, y medio sudados por el calor, empezamos a pasear por la calle Comercio, donde están todos los artesanos de madera, plata y cuero. En una de las pequeñas galerías que hay al principio de la calle veo un bolsito de cuero pequeño con correa que me iría muy bien para guardar el dinero en un bolsillo extra en mis próximos viajes, así que me lo compro por 3 soles.

Continuamos caminando hasta que ya nos aburrimos de dar vueltas y nos sentamos en una glorieta cubierta que hay en la plaza de Armas, para decidir que hacemos. A estas alturas Susana me envía un mensaje avisándome que finamente no habrá almuerzo, así que tenemos vía libre para decidir si queremos hacer alguna otra cosa. Recuerdo de la última vez que vinimos que había un restaurante detrás de la iglesia, así que vamos a pasear para intentar encontrarlo, y, efectivamente, encontramos una picantería, “el rinconcito cataquense”, donde comemos un tamalito verde, una sopa de res y unas buenas costillas de chancho.

Después de esto volvemos a Piura, a la Quiñónez, para ver qué hacen y acabar de hacer las presentaciones con la comunidad. Nos encontramos con una parrillada en Nueva Esperanza y que el campeonato que iban a jugar ya ha acabado, perdiendo los de nuestra calle, y con César y Edgar lesionados… Con Walter y unos cuantos más decidimos volver a la cuadra para jugar un partido entre nosotros. Y ahí estamos, parando la net y esperando que pase el tiempo para ver si se anima la gente… al final somos 4 contra 4 y no parece que aparezca más gente, así que jugamos un partido a 3 sets de 25, como los profesionales. Y cuando ya empieza a entrar la noche estamos acabando 3-0, ganando mi equipillo, con Walter, Huachano, la señora Lourdes y yo. Al otro lado teníamos a Esther, Miriam, la señora Milagros y Jimmy. Después de esto ya nos retiramos al Hogar para darnos una ducha y volver a salir al centro, para cenar.

Cuando llegamos al centro intentamos buscar un restaurante donde ya había ido una vez al principio de toda esta aventura, pero que no recuerdo ni el nombre ni el lugar exacto donde está. Recuerdo también que aquella vez nos llevó bastante rato encontrarlo, porque la dirección era incorrecta, pero que valió la pena dar unas cuantas vueltas porque al final resultó ser muy bueno. Damos como 5 vueltas por el centro de Piura intentando encontrar el sitio este, y nadaaa de nadaaa. En uno de esos flashes que a veces tiene toda persona me acuerdo de la imagen de haber girado en una plaza con una iglesia a la derecha y encontrar ahí el restaurante, así que volvemos a ir en esa dirección, repitiendo el camino que recuerdo de aquella vez, y cerciorándome cada vez más de que ese camino era el que nos llevaba al restaurante… y efectivamente! Ahí estaba el Capuccino! Pero cerrado… así que tenemos que buscar otra alternativa y dejar este restaurante para otro día. Entre varias opciones decidimos ir a la Cabaña, una pizzería que hay por la zona del Saga Falabella, y nos pedimos una familiar que casi ni podemos acabarnos, muy rica, por cierto. De ahí a la plaza de Armas a hacer algo de tiempo antes de volver, un ratito en un banco sentados, mientras un poco más allá un grupo de teatro de calle está en plena representación, y un poco de charla antes de coger una moto para llegar de nuevo al Hogar.

Y prácticamente ahí acaba el día, un día cansado y con bastante movimiento, que hace que al llegar a nuestra habitación notemos el dolor en las piernas y el sueño nos invada en apenas 2 minutos…

Viajes y reencuentros…

De vuelta a Lima, esta vez, la segunda ocasión en la que viajo a esta ciudad. La primera de todas no era “de vuelta” sino “de ida”. Cruce Ventanilla, sobre las 11, según agencia. Realmente no escucharon mi pregunta, porque a las 11 llegaba el bus al terminal de Fiori, donde llegan la mayoría de agencias “marginals” que van a Lima.

Sea como fuere me pasé de parada, sobre las 9 vi algo de “Ventanilla - Aeropuerto”, y no le presté más atención, pero cuando al cabo de veinte minutos veo que estábamos mucho más cerca de Lima de lo que en principio era normal me preocupé. Me dijeron que el cruce ya había pasado hacía rato, así que tuve que volver atrás, como muchas otras veces, con una combi, y esperar en Ventanilla al encuentro con Irma, con quien había quedado ya hacía un par de días.

Cuando llegué al cruce me encontré con un paisaje bastante curioso. Mayoritariamente desértico, las casas crecen a ambos lados de la carretera, enfilando las montañas que crecen alrededor del valle. Un sol abrasador, camiones y autobuses que circulan a alta velocidad sin respetar señales viales, vendedores semi-ambulantes en lo alto del cruce y un ambiente bastante enrarecido y en el que, pese a estar viviendo más de 5 meses en Piura y haber conocido “parajes” de todo tipo, en el que me encontraba no destilaba demasiada confianza.

Al otro lado de la carretera veo a Irma, con su amiga, que todavía no conocía, Ángela, hija de chinchanos, y, por lo tanto, negra (o como dicen “los que por ahorrarse algún sinsabor”, morena). Lo primero, las presentaciones, y la alegría del reencuentro. De acuerdo que era una semana, pero cuando quieres a alguien importa poco si los tiempos van en horas, días o meses, la distancia siempre duele igual. Y desde ahí a Ventanilla propiamente, ya que eso era simplemente el cruce para ir hasta ese pueblo. El centro de esta villa es similar a Piura, con comercios, iluminación pública abundante (aunque era de día los postes de la luz seguían ahí imponentes), serenazgo muy visible, buen asfaltado, etc.

La cosa cambia cuando, después de estar un rato sentados en un parque “descansando del viaje”, vamos hacía Angamos, el barrio donde está Costa Azul, la zona donde viven Irma y Ángela. Desde la carretera se aprecia: el paisaje vuelve a ser desértico, y todo recuerda a cualquier asentamiento piurano, como el de San Martín, o la Primavera, aunque aún menos verde.

Nos adentramos en el valle con una moto, y llegamos a una avenida sin asfaltar que se encarama en la montaña. En una esquina bajamos y seguimos a pie subiendo una pendiente de unos 40 grados de inclinación. Y 30 o 40 metros más arriba están sus casas, unas pequeñas construcciones de madera improvisadas en la pared de roca. Precisamente la familia de Irma está rompiendo la pared de la montaña para acomodar un par de habitaciones unos metros más arriba de las que tienen ahora. Esto es lo que se llama una invasión, y realmente, es para verlo. Lástima que no hubiera tenido aún la cámara…

Después de saludar en casa de Irma a su madre me invita a un almuerzo la mar de apetitoso, y que después del viaje de 12 o 14 horas entra la mar de bien. Y más tarde buscamos un hotel en Lima donde pasar la noche del día siguiente, ya que el hostal para esta noche ya lo hemos encontrado, en Angamos, junto a la carretera que nos lleva a Ventanilla hacia un lado y hacia Lima por el otro.

Salimos después de almorzar, sobre las 3 de la tarde, hacia Lima, a una hora o así de camino. Pasamos junto al aeropuerto, la fábrica de Repsol, el Callao, hasta llegar al centro de la ciudad, en la plaza 2 de mayo, una curiosa plaza donde los 8 edificios que hacen esquina son exactamente iguales, construcciones coloniales de color azul entre celeste y marino. Y todas las tiendas que hay en sus bajos son de música, así que es mi pequeño paraiso recién descubierto, con una grandiosísima variedad de instrumentos musicales de todo tipo, y que me gustaría conocer de más de cerca.

Seguimos hasta la plaza de armas, donde empezamos a buscar algún hotel u hostal para Xenia y yo después del “susto” del aeropuerto. Varias vueltas a la plaza de armas, el jirón de la Unión, la calle Japón, y encontramos uno junto a la plaza de Armas, frente al Club de la Unión, un pequeño hostal familiar que encontramos subiendo las escaleras y que bien podría ser un piso del Eixample de Barcelona, con sus tragaluces estrechos y sus grandes ventanales de madera. La habitación no es ninguna cosa del otro mundo, pero bueno, ya está bien, que después de toda la tarde sin encontrar nada por el centro empieza a ser desesperante el caminar sin rumbo.

Después de esto nos paramos en una pizzería al paso para coger unas pizzetas para llenar el estómago antes de volver. Los vendedores ambulantes y mendigos abundan, y sólo mientras esperamos que el horno caliente nuestras porciones, nos asaltan hasta 6 personas, entre ellos 2 niños, pidiéndonos una limosna…

Pero ya nos volvemos. Un rato en casa de Irma, de nuevo, y vuelta los 3 con la hija de Ángela, Melanie Rubí, a una pollería del centro de Ventanilla, que había quedado ya apalabrado desde Piura. Las pollerías en Lima parecen los McDonald’s de España, con sus mesas, la iluminación, los juegos para niños… sólo cambia lo que comes, el ambientes es casi el mismo. Y para acabar el día, me dejan las 3 en el hostal, y estamos un rato conversando, hasta que las tres se van, despues de que la pequeña haya perdido la llave de la habitación misteriosamente (otra anécdota para el recuerdo).

Una noche intranquila, con muchas cosas en la cabeza, con los nervios del reencuentro del día siguiente, con los vecinos de las otras habitaciones haciendo escándalo a las 6 o 7 de la mañana con la música a todo trapo como si estuvieran compitiendo entre ellos… y la llave sin aparecer.

En fin, que pasamos la mañana tranquila en casa de Irma, conversando con ella un poco, y más tarde con su madre y la niña que cuida, Sofía, de la edad de Melanie, más o menos, un año y medio o cosa así. A media tarde me voy a dar una vuelta con Irma: vamos a ir al internet a mirar el correo para confirmar la hora de llegada del vuelo de Xenia, y también a Ventanilla a comprar un cargador para las baterías de la cámara.

Después de un rato en el internet cogemos una combi hasta el centro y miramos en un Metro (un supermercado de aquí) si hay un cargador de esos, aunque finalmente resulta que no, y tenemos que mirar por la calle de las pollerías, donde hay bastantes tiendas de electrónica y telefonía. Después de encontrar un cargador volvemos al Metro para comprar un jugo de naranja y unos bombones para regalarle a su madre como agradecimiento por haberme acogido en su casa, y nos sentamos en un parque a conversar tranquilamente hasta que sobre las 5 y algo volvemos hacía Costa Azul para recoger las cosas.

Y a las 6:10 salimos hacia el aeropuerto los 3, Irma, Ángela y yo. Aquí ya empiezo a estar bastante desconectado y mucho más pendiente de llegar allí y encontrarme con Xenia. El tiempo va pasando, y llegamos al terminal 5 minutos antes de que aterrice el vuelo. Éste va en hora, pero nunca parece que vaya a salir ella por la puerta. La gente sale con cuentagotas, y van pasando los minutos y no parece que la cosa cambie. Sigue saliendo gente, poca gente, y no es hasta al cabo de casi una hora que veo a Xenia estirando su maleta verde caqui. Y ahí yo que salgo corriendo para darle un abrazo tan fuerte como creo que nunca nos habíamos dado, o, por lo menos, tan sincero y sentido… y después de la sorpresa, las presentaciones. Irma no habló, como ya había dijo, y me sorprendía, pues yo la conozco como una chica siempre alegre y muy habladora.

“Qué blanca estás” creo que deben haber sido mis quintas palabras, y “qué flaco que estás tú” han sido las suyas… En cinco minutos ya me había acostumbrado a su presencia y me parecía como si los cinco meses de distancia y tiempo no hubieran prácticamente existido. los besos eran los mismos, al igual que las caricias y los abrazos, y no se me hizo extraño sentirla cerca como siempre, aunque he de reconocer que no tenía muy claro como iba a sentirme cuando la tuviera cerca.

Una pizza en un bar estilo irlandés del centro, acomodar las cosas en el hotel, descansar (y no tanto descansar) después del viajecito de nosecuantas horas de avión, y prepararnos para pasar mañana un día en Lima…

Increiblemente, otra vez juntos, tu y yo…

Loja, segundo intento

De vuelta a esta hermosísima ciudad de la que ya me quedé prendido en la primera ocasión que tuve de verla… Esta vez no sólo se trata de renovar el visado, si no de visitar un proyecto que se está llevando a cabo en el norte, en Tumbaco, cerca de Quito.

La cuestión es que conocí a través de Lucía y Aroa (un abrazo desde la distancia a ambas!, y al resto del grupo tambien, jejeje) el concepto de escuela libre, y algún proyecto que ya se está llevando a cabo en Barcelona. Me recomendaron un libro “Educar para ser” de Rebeca Wild, y de verdad que me ha interesado mucho todo este mundo de la educación libre. Una ludoteca como la que trabajo ya tiene e incluye algunos conceptos de educación libre, aunque un poco desorganizados. La sistematización de los materiales y actividades que han llevado a cabo en los últimos años Rebeca y Mauricio, su esposo, me parece, por lo menos a través de su lectura, impresionante.

La cuestión es que este proyecto hace 30 años que está funcionando en Ecuador, y, estando cerca, en Piura, al norte de Perú, pues he pensado que tenía una oportunidad immejorable de acercarme a comprobar con mis propios ojos lo que se está haciendo ahí y empaparme lo máximo posible de todo lo que se esté haciendo.

Si puedo iré contando lo que hago, si no, a la vuelta envío un supermensaje de 300 páginas donde “resuma” todo lo que habré vivido aquí.

De momento aun queda una pequeña espera… “sólo” 14 horas más de autobús hasta Quito, y de ahí una horita más hasta la Fundación Pestalozzi, donde se lleva a cabo el proyecto.

Gracias a las dos por haberme abierto la puerta de este concepto que me era desconocido pero en el cual creo cada vez más a medida que lo voy conociendo. ;) Suerte a todos!

Ecuador, casa, Primavera, Campo Polo y Chiclayito… :D

Ecuador…

Una noche en bus, un día en Loja, una mañana en Loja, una tarde en bus… Valoración: triste

Eso podría ser un mal resúmen de lo que fue el fin de semana ecuatoriano.

Loja 2007

Loja es una ciudad preciosa del sur de Ecuador. Tan sólo pasamos apenas un día, pero el recuerdo que queda de la ciudad es que es limpia, encantadora, acogedora y, en definitiva, para enamorarse de ella, en mitad de la sierra, húmeda, con niebla alrededor, montañas que la cubren, en fin, un paisaje realmente hermoso.

Lástima que la situación en la que viajábamos no era quizá la más propicia para alguno de nosotros y seguramente no disfrutamos al cien por cien de todo lo que podríamos haber hecho allí. Sin embargo, por mi parte, espero poder volver a visitarla con más detenimiento y dedicación, quedándome con casi todo lo que hay, exceptuando la comida, que llevaré de Piura, jejeje (es que no hay colooor :P)

Casa…

Despues del farragoso viaje de 7 horas de vuelta a casa, un arroz, y una charla… por fin una charla… Valoración: descanso

Una carta de 7 hojas, una hora de hablar, de mútuas disculpas y de aclaraciones de lo que no tuvo porqué ser. Por fin pude decir todo lo que tenía guardado desde hacía casi una semana, y es que es muy duro callar cuando lo que quieres es hablar. Por fin la tensión menguó y las aguas vuelven poco a poco a su cauce… espero que así siga! :)

Primavera…

Una ludoteca encantadora, con unos niños que enamoran, de la que cuanto más conozco, más quiero y más me costará separarme… Valoración: algo cercano a la felicidad

Pese a llegar a media sesión, quizá eso era lo de menos. Marta y Aida ya estaban allí saltando la soga, y yo me puse a hablar con Julio, a jugar con la pequeña María, que me explicó sus problemas con un amigo que le pegaba patadas en las piernas… una partida de parchís con Yahaira, su hermana Blanca, Kevin y Julio, una construcción con Abril y un niño de cuyo no nombre no consigo acordarme (paciencia, por favor, paciencia), y un partidito de futbol con un juguete del pequeño Fabri, donde todos estuvimos jugando. Apareció Yoreli con su miedo al examen del día siguiente, y así pasó la tarde, dando tumbos entre los juegos, maravillado con la harmonía de esta ludoteca, pintando con témperas, recogiendo jueguetes, repartiendo abrazos…

Campo Polo…

Qué maravilloso es ver que poco a poco, con el paso de los días, ves progresos importantes en esos pequeños que muchos han dejado de darles oportunidades… Valoración: fuerza y constancia

Generalmente estoy con la pequeña Charito y Jhoan, y Marta suele pasar más tiempo con Pedrito. La mayor parte del tiempo se nos va en la lonchera (el almuerzo en España), ya que son niños que por sus características necesitan mucho tiempo para comer además de que la mayoría necesitan de la ayuda de un adulto para poder alimentarse. Por ejemplo, Jhoan e Ítalo pueden ellos mismos coger sus yogures, plátanos o lo que sea que traigan ese día para desayunar y comérselo, quizá con un poquitín de ayuda en algún momento (abrir una tapa del yogur, empezar a pelar la fruta, etc.), en cambio Pedrito y Charito necesitan bastante más ayuda y atención.

Explico los progresos que veo en Charito desde que empecé a trabajar con ella: Al principio, por ejemplo en el desayuno, el plátano teníamos que dárselo machacadito con la cuchara, y por supuesto, no era capaz de coger ella misma la cuchara para comer… Últimamente está ya mordiendo directamente del plátano, aprendiendo a morder y masticar lo suficiente como para tragarse un trozo de plátano, que cada vez es más grande y del cual cada vez menos acaba en el babero. Hoy mismo, por ejemplo, ya ha agarrado durante más de 5 minutos el plátano que iba mordiendo. Aunque el movimiento del brazo aun tenemos que hacérselo nosotros, cuando subía el brazo ya al final abría la boca sin mirar el plátano, empezando a asociar el movimiento con su reacción (y no intento ser conductista :P). Y este es sólo un pequeño ejemplo de lo que se puede hacer si uno le pone empeño y cree en lo que hace… realmente tenemos tantos prejuicios de tantos tipos, que hasta que no se superen éstos no aprenderemos ni podremos superarnos a nosotros mismos de verdad.

Chiclayito…

Una tarde más poniendo en orden la ludoteca, problemas tras las cámaras que no acaban de quedar claros y unos niños que encantan a cualquiera que se les acerque… no sé porqué se empeñan desde Ñari en seguir repitiendo que son “los peores” o algo así… Valoración: constancia y confianza

Abrimos la ludoteca, barremos la entrada, me abro la cabeza con un hierro, regamos la tierra de delante, pintamos el cartel de “cuentos” para el rincón de lectura, Armando la lía un ratito, Rosa se lleva una fotografía de las del mural y Aida se enfada con ella, y la tarde empieza a acabar desde ese momento (o así ha parecido), las niñas y tambien, por primera vez los niños, se me empiezan a colgar pidiéndome “una vueltita” y “lléveme a cuchooo”. Entre otros doy vueltas a la pequeña Fernanda y me abro el pie con una rama. Casi se acaba la tarde, me echo agua en el pie, una tirita hecha de un pañuelo y cinta de embalar, y “cap a casa”. Agua oxigenada y a escribir en el diario! :)

No entiendo muy bien porqué de un día para otro pueden cambiar tanto las formas de ver las cosas. Anteayer estaba hundido en mi propia miseria, en mis pensamientos redundantemente tristes, en esa suerte de fantasmas que voy aprendiendo a apartar del camino, hablo con Marta y al día siguiente noto como me crezco a mi mismo, cómo, cada vez que lloro, despues soy más fuerte que antes de sufrir. No sé porqué hoy me veo más capaz, más realizado, no sé, más completo, que ayer y sin embargo pienso que mañana pasará algo que me hará ver cosas que aún no he sabido ver… :)

Me siento bien conmigo mismo, me siento cada día mejor conmigo mismo, y me siento cada día mejor con el mundo y con lo y los que me rodean. :)

Pacífico

Contemplar una puesta de sol en vez de un amanecer, como allí… Arena negra y fina de la que dura dos semanas por los bolsillos y cualquier otro sitio… Viento, mucho viento despeinante… Cangrejos y larvas de caracola, algún que otro delfinico o foca muertos… Pasear por esta playa era casi como sentirse en otro mundo…

Segundo fin de semana en playas peruanas, además, consecutivamente. La primera fue Máncora, una playa que tenía poco de típico y mucho de turista, con tenderetes de chucherías o sortijas, con bares con comida hogareña mal hecha, mucho extranjero de todas partes, bronceados de habitación oscura, pieles blancas y rojas, como la bandera del país…

En esta ocasión hemos estado en Colán, llegando desde el puerto de Paita. Una playa menos conocida, muchísimo menos transitada, con comida del lugar pero bien hecha, una playa de pescadores con sus casas enclavadas frente al océano, retando al viento y las mareas. Un sol de contraluz eterna y un buen montón de cangrejos pequeñitos haciendo sus nidos bajo la arena.

La semana que viene vamos a Cangrejos, cerca de Paita tambien, pero hacia el sur en vez de hacia el norte, a un campamento de Ñari para captar jóvenes. Creo que dormimos en un local de Emaús, pero no tengo aun ni idea… así está la cosa de momento, despistado para siempre.